Washington (AFP) -Opacando la atención prestada al escándalo por torturas en Irak, la prensa de los Estados Unidos dio ayer amplia cobertura a la muerte por decapitación del civil Nicholas Berg, aunque evitó dar a conocer las imágenes más truculentas del video difundido por sus verdugos.
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«La muerte de Berg es aparentemente el primer acto de venganza por las imágenes ampliamente difundidas de los detenidos iraquíes maltratados y sexualmente humillados», escribió «The Washington Post».
Las cadenas de televisión estadounidenses decidieron difundir en forma parcial la macabra ejecución de Berg, presuntamente perpetrada por un grupo ligado a Al-Qaeda, por considerar que sería insoportable para los televidentes. Toda la prensa escrita, sin excepción, mostró una fotografía de cinco hombres enmascarados y armados de pie detrás del joven estadounidense vestido de naranja y sentado a sus pies; y otra fotografía del padre de la víctima, Michael, abrazando desconsolado a su otro hijo, David.
En medio de muestras de repudio y estupor de líderes de todo el mundo, la muerte de Berg recordó a los estadounidenses la no menos brutal ejecución del periodista de «The Wall Street Journal», Daniel Pearl, en 2002 en Pakistán, también decapitado por sus captores, que filmaron la escena.
En tanto, el caso de las torturas a prisioneros iraquíes dio pie ayer a editoriales muy críticos para con la administración de George W. Bush. «The New York Times» fustigó lo que consideró « argumentos idiotas» por parte de Stephen Cambone, subsecretario de Defensa encargado de Inteligencia, y de legisladores republicanos. Tanto el periódico neoyorquino como «The Washington Post» reprocharon a Cambone haber afirmado que «todo el mundo sabe que Donald Rumsfeld (secretario de Defensa) está profundamente comprometido en el respeto a la Convención de Ginebra» sobre el trato a los prisioneros de guerra.
• Responsables
El «Times» subraya las contradicciones entre los hechos y los testimonios, y afirma que el escándalo de las torturas es antes que nada responsabilidad de Bush y de Rumsfeld, que fracasaron en «anticipar las consecuencias de la invasión a Irak». Para el «Post», la administración busca «engañar al Congreso y al público» en vez de comprometerse a respetar las normas internacionales. «Pretende escapar a este escándalo sin poner bajo revisión su estrategia», estimó.
Para el conservador «The Washington Times», una renuncia de Rumsfeld no solucionaría nada. «Incluso si renuncia, la prensa árabe no hará un elogio de la democracia, y las acciones de los insurgentes en Irak no cesarán», sostuvo el periódico.
En Londres, el influyente «Financial Times» se destacó por su aspereza. Según dijo, Bush debería despedir a Rumsfeld. Pero no se quedó en ello. El presidente estadounidense «no está a la altura de su puesto. Este no es un juicio moral, sino práctico. El mundo actual es mucho más complejo y peligroso que el pío y unilateral en el que cree el arrogante George W. Bush... Si él no puede tomar las mínimas medidas para restaurar la reputación de su país, no merece seguir en la Casa Blanca», disparó.