La vida de Barack Hussein Obama, el primer presidente estadounidense de raza negra, fue hasta ahora una larga sucesión de desafíos y de objetivos increíblemente ambiciosos.
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Nacido el 4 de agosto de 1961 en Honolulu (Hawaii), de un padre llegado desde Kenia con una beca de estudios y una madre blanca nacida en Kansas, Obama no es solamente la encarnación del sueño americano sino también de un Estados Unidos multicolor finalmente representado en el nivel más alto del poder.
El nuevo presidente de Estados Unidos tuvo una infancia inestable.
A los dos años perdió la figura del padre (quien se fue de casa para ir a estudiar a Harvard), a los seis años se mudó a Indonesia (con el nuevo marido de su madre) y a los diez volvió solo a Hawaii para vivir son su abuela materna.
"Vivía en una familia blanca, pero me llamaba Barack y era negro: en Hawaii no pasaba inadvertido", confesó Obama.
De adolescente se embriagó, fumó marihuana y hasta probó la cocaína.
Se rebeló contra una sociedad que no lo aceptaba, pero se esmeraba en la escuela, tanto que se pudo abrir camino hasta la Columbia University en Nueva York.
El joven Obama trabajó como asistente social en Chicago y fue aceptado en la prestigiosa escuela de Leyes de Harvard.
Cuenta su biografía que rechazó los empleos que le ofrecieron corporaciones neoyorquinas para volver a Chicago, donde lo esperaban las misiones sociales pero también el amor.
Es que en Chicago vivía Michelle Robinson, la mujer que pronto se convertiría en su esposa y la madre de sus dos hijas, Malia y Natasha.
En la ciudad de Illinois trabajó como abogado para los pobres y enseño leyes, pero la actividad barrial lo confinaba demasiado, porque sus objetivos eran mucho más ambiciosos.
En 1996 fue electo al Senado estadual de Illinois y en 2000 se presentó como candidato a la cámara de Diputados federal, pero resultó vencido.
Cuatro años después corrió por una banca en el Senado federal y, esa vez, venció de manera brillante, convirtiéndose en el quinto senador de raza negra de la historia del país.
Fue también en 2004 cuando entró al escenario político nacional.
El discurso que pronunció durante la convención demócrata que ungió al senador John Kerry como candidato para las presidenciales de ese año lo convirtió en la nueva estrella del partido, gracias a dos palabras mágicas: "audacia" y "esperanza".
En el 2007, Obama alzó todavía más la puntería y se presentó como precandidato demócrata a la Casa Blanca.
El anuncio oficial llegó el 10 de febrero en la plaza delante del Congreso de Illinois en Springfield, la misma donde Abraham Lincoln había pronunciado, 150 años antes, un histórico discurso sobre la necesidad de los estadounidenses de permanecer unidos.
Durante las internas logró algo que parecía imposible: derrotar a la ex primera dama Hillary Clinton.
Luego hizo lo mismo, con menos esfuerzo, con el candidato presidencial republicano John McCain, logrando una arrasadora victoria en los comicios del 4 de noviembre último, con el 53 por ciento de los votos.
A partir de entonces, y a la sombra de la crisis económica, Obama mantuvo el mensaje del "cambio" pero le sumó el de la "unidad".
Sumó a Clinton a su gabinete como secretaria de Estado y pasó una importante porción de su transición cortejando a los republicanos moderados.
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