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28 de octubre 2008 - 00:00

Las grandes ciudades se olvidan de la izquierda

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Los resultados de las elecciones municipales del domingo en Brasil y Chile ratifican una tendencia que recorre gran parte de América Latina e incluso encuentra un reflejo en Europa. Muchas ciudades grandes, en su mayoría cosmopolitas y con tradición de voto por el centroizquierda, cruzaron de vereda en los últimos tiempos a manos de gobernantes de centro o de derecha. Una posible explicación estaría dada por el perfil de un electorado que, lejos de responder a planteos ideológicos, atiende los temas vinculados a la gestión, sobre todo en grandes centros urbanos cuyos problemas más acuciantes pasan por la seguridad y el transporte.

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Santiago, San Pablo y Porto Alegre eligieron el domingo gobernantes de signo contrario al de Michelle Bachelet y Luiz Inácio Lula da Silva, ambos presidentes enrolados en el centroizquierda. En la misma senda ideológica podría agregarse a Eduardo Paes, futuro jefe municipal de Río de Janeiro, que, si bien fue apoyado en el ballottage por Lula bajo el paraguas del histórico PMDB, cuenta con un perfil marcadamente conservador.

  • Argentina

  • Es sabido que Buenos Aires resultó siempre la mayor esperanza de las expresiones ubicadas del centro hacia la izquierda, que de hecho alcanzaron más logros que en ningún otro distrito argentino. Pero a la luz del contexto internacional, la victoria de Mauricio Macri en 2007 no debería llamar la atención.

    A la prevalencia del centroderecha en las grandes ciudades de Brasil y Chile se suman los casos de Lima, cuyo jefe comunal es desde 2002 el conservador Luis Castañeda Lossio, y Asunción, a manos del tradicional Partido Colorado.

    La corriente se percibe incluso en Ecuador, cuyo presidente, Rafael Correa, logró este año un aval para el cambio constitucional con 67% a nivel nacional, con la sonora excepción en Guayaquil, la gran ciudad costeña y capital económica gobernada por Jaime Nebot, el opositor más nítido del mandatario socialista.

    Ni siquiera el aluvión de votos para Evo Morales en 2005 alcanzó para que el Movimiento al Socialismo se hiciera con la prefectura (gobernación) de La Paz en 2005. En cuanto al alcaldede la capital boliviana, Morales cuenta con un aliado, Juan del Granado, pero reciclado de la política tradicional.

    Claro que esta tendencia encuentra excepciones. Montevideo sigue siendo el bastión por excelencia del Frente Amplio, una hegemonía que no aparece amenazada. De igual forma, el Distrito Federal de México es la mayor fortaleza del opositor centroizquierdista Partido de la Revolución Democrática. Bogotá constituye casi una rareza como fenómeno político. Mientras el presidente Alvaro Uribe sigue en la estratósfera de la popularidad, la capital colombiana lleva ya dos mandatos del izquierdista Polo Alternativo Democrático.

    Océano de por medio, Europa también ofrece muestras significativos para esta tendencia. El pasado 1 de mayo marcó el fin del gobierno comunal de Ken Livingstone («El rojo», del ala izquierda del Partido Laborista). El intendente de la capital británica desde 2000, que recibía combustible subsidiado para el transporte público de parte de Hugo Chávez, cayó ante el excéntrico periodista conservador Boris Johnson.

    Más al sur, los socialistas españoles de Madrid viven con cierto complejo la avasallante hegemonía del conservador Partido Popular tanto en la alcaldía de la ciudad como en la Comunidad (gobernación regional). Casi nada parece quedar del «no pasarán» que enorgulleció a los antecesores del PSOE. El PP se dio el lujo en los últimos años de hacer pie en el «cordón rojo» municipal del Gran Madrid, en detrimento no solo de los socialdemócratas sino también de los comunistas de Izquierda Unida.

    Berlín y París, en cambio, doblan la apuesta hacia el lado del centroizquierda. Tanto el alemán Klaus Wowereit como el francés Bertrand Delanoë han hecho pública su opción por la homosexualidad. La diversidad en ese plano constituye todavía hoy un tema de agenda en el que los socialdemócratas se sienten más cómodos. En ambos casos, se los menciona como posibles candidatos a la respectivas jefaturas de gobierno nacional.

    Las características de Wowereik y Delanoë son sustancialmente distintas a las de su par de Roma. El post fascista Gianni Alemanno logró este año un impactante triunfo al arrebatar la capital italiana a la turbulenta centroizquierda, tras varios períodos de dominio.

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