Líbano: hubo 48 muertos en combates

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Nahr al-Bared, Líbano (Reuters, AFP) - Soldados libaneses combatían ayer con terroristas islamistas instalados en un campo de refugiados palestino, en una lucha que hasta anoche había dejado 48 muertos y se convertía en la más sangrienta de los últimos siete años y en una de las peores desde la guerra civil (1975-1990). En tanto, anoche, la violencia se trasladó a la zona cristiana de Beirut, donde dos personas murieron y otras diez resultaron heridas en la explosión aparentemente producida en un estacionamiento situado cerca de un gran centro comercial. El artefacto habría sido colocado dentro o cerca de un automóvil, se informó, sin que al cierre de esta edición se precisara si hay más víctimas.

Los enfrentamientos que se iniciaron antes del amanecer en el campo Nahr al-Bared y en la cercana ciudad sunita de Trípoli, al norte de Líbano, se saldaron con la muerte de 23 soldados y 15 extremistas, entre ellos varios extranjeros.

Un ministro del gabinete libanés dijo que los combates con el grupo islamista Fatah al-Islam, que según el gobierno está apoyado por Siria, buscan boicotear la intención de la ONU de crear un tribunal internacional para juzgar a los sospechosos de asesinatos políticos en Líbano.

Se sabe también que el grupo tiene vínculos con Al-Qaeda, por lo que la irrupción violenta de ayer señala una nueva extensión a Medio Oriente del poder del brazo terrorista de Osama bin Laden (ver nota aparte).

  • Terroristas muertos

    Fuentes de Seguridad afirmaron que al menos 15 terroristas murieron luego de que las tropas ingresaran violentamente a unos edificios en Trípoli, donde algunos de ellos se estaban guareciendo.

    Funcionarios palestinos del campo, que alberga a 40.000 refugiados, dijeron que al menos 10 civiles perdieron la vida y 50 resultaron heridos. Funcionarios libaneses no pudieron decir con exactitud cuántos militantes que estaban en el interior del campo habían muerto.

    El Ejército atacó posiciones de militantes en el campo con tanques, morteros y armas automáticas, dijo una fuente militar. Más de 20 soldados resultaron heridos, agregó.

    Anoche, reunido en sesión extraordinaria, el gobierno libanés «otorgó su apoyo al Ejército, habilitado a tomar todas las medidas necesarias para restablecer el orden y la seguridad» en el norte del país y en el campo de refugiados palestinos de Nahr al-Bared. El campo, bombardeado de forma intermitente, estaba asediado por cientos de militares libaneses equipados con vehículos blindados y artillería pesada.

    «No se ha decidido entrar en el campo, pero el Ejército ya comenzó a actuar», agregó el gobierno en un comunicado. En virtud de acuerdos bilaterales, las fuerzas del orden libanesas no están autorizadas a adentrarse en el interior de los campos palestinos.

    En tanto, el Comité Internacional de la Cruz Roja solicitó permiso para ingresar al campo de refugiados. «No hemos podido entrar, debido a los intensoscombates. No sabemos cuántos heridos hay al interior», afirmó la portavoz Virginia de la Guardia.

    Ante la gravedad de los incidentes, el gobierno de Damasco decidió cerrar dos pasos fronterizos con Líbano.

    Fatah al-Islam, una agrupación sunita, aseguró que el Ejército había lanzado un ataque no provocado. «Advertimos al Ejército libanés de las consecuencias de continuar con los actos provocativos contra nuestros mujahidines ( combatientes islámicos), que abrirán fuego contra los militares y contra todo el Líbano», dijo en un comunicado.

    El Ejército había intensificado su vigilancia alrededor de Nahr al-Bared después de que cuatro miembros de Fatah al-Islam, todos de nacionalidad siria, fueran acusados en febrero de colocar bombas en dos buses, en una zona cristiana cerca de Beirut. Tres civiles murieron en aquellos ataques.

    Fatah al-Islam tiene libaneses, sirios y palestinos en sus filas y su líder es palestino.

    En Beirut el primer ministro, Fuad Siniora (apoyado por Occidente e Israel, y bajo presión del pro iraní Hizbollah y Siria), acusó al grupúsculo palestino de «querer atentar contra la paz civil» y de «buscar la desestabilización del país».

    El ministro de gabinete, Ahmad Fatfat, dijo que la violencia apunta a torpedear los esfuerzos de las Naciones Unidas para establecer un tribunal internacional para juzgar a los sospechosos del magnicidio del ex primer ministro Rafik al-Hariri en 2005.
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