12 de marzo 2004 - 00:00

Llorones

"Por favor, llantos no." Esa fue la respuesta de Roberto Lavagna ayer a los productores rurales que le pidieron aflojar la presión de las retenciones a exportaciones. Los frenó argumentando la suba del precio de la soja y el valor de los campos: "Hagan números, si antes de la devaluación estaban todos hipotecados". Se fueron de la reunión sin conseguir nada y con una lacónica despedida: "No me vengan de nuevo con los cuentitos de los '90".

Llorones
Roberto Lavagna reconoció ayer que la «próxima batalla grande entre el gobierno y el Fondo Monetario Internacional será la discusión del superávit primario para 2005 y 2006, que se encarará en setiembre de este año, después de concluida la negociación con los bonistas». El ministro se adelantó así ante el seguro reclamo por parte del organismo financiero de incrementar la meta de 3% del PBI que figura para este año.

Según dijo ayer el ministro de Economía durante una visita a la ciudad santafesina de Rafaela, «ahora vienen dos batallas grandes, una con los bonistas y otra en la definición del superávit para 2005 y 2006».

• Seriedad

Añadió también que esas batallas «las vamos a dar con seriedad, sin comprometernos a pagar lo que no podemos», porque «muchos hablan de nuestra buena fe a la hora de negociar, pero tanto en el Derecho Romano como en el germánico la regla número uno de la buena fe es no prometer lo que no se puede cumplir y cumplir lo que se promete».

Ante un auditorio de productores primarios, Lavagna descartó tajantemente la posibilidad de reducir las retenciones a la exportación, y reclamó al sector rural que «no llore» y reconozca la mejora en su situación después de la devaluación. «Si hoy se está plantando soja y sube el valor de los campos, y hace muy poco las tres cuartas partes del campo estaban hipotecadas, no hagamos ideología. Hagan números de cuándo era más rentable el campo, si antes o después de la devaluación», dijo el ministro a los productores rurales que le reclamaron una reducción en las retenciones. Lavagna, que visitó dos plantas autopartistas, volvió sobre los productores primarios y declaró: «Por favor, llantos no. El campo atraviesa hoy una situación financiera infinitamente mejor que antes de la devaluación».

El jefe del Palacio de Hacienda negó «rotundamente» la posibilidad de que se devuelvan las retenciones en bonos a diez o quince años, o que disminuya paulatinamente ese tributo, tal como reclaman los productores. También descartó que parte de los fondos recaudados por medio de las retenciones se destine a subsidiar rubros agroindustriales como la producción tambera, que se vio desplazada por los cultivos sojeros. «De ninguna manera, porque el tambo es uno de los sectores que sufrió ese boom sojero, pero para esa plata hay decenas de candidatos, y también hay otros sectores que están atravesando situaciones difíciles», indicó Lavagna. Según explicó, «la política del gobierno es atender primero las cuestiones sociales, y los cálculos fáciles de 'saco de acá y le doy a éste' no son fáciles en realidad».

Por otra parte, el ministro advirtió sobre el peligro de «comprar los cuentitos de la década del noventa, porque en su momento dijeron que la mejoría era un veranito, luego que había una meseta, que iba a haber hiperinflación, y todo eso es un cuentito».


Sobre la voluntad oficial de debatir la legitimidad del origen de la deuda, el jefe del Palacio de Hacienda respondió que «hay que diferenciar lo político de las realidades jurídicas», e indicó que «los países como los organismos tienen continuidad en sus obligaciones, y en el caso puntual de la Argentina, más allá de lo que podamos pensar, todo lo que se firmó fue de acuerdo con una legislación que es válida en todo el mundo».

Más distendido que en los últimos días, Lavagna mostró su beneplácito porque «acá se habla de trabajo y no de deuda», y a los elogios sobre sus gestiones ante el FMI replicó con que «nadie es imprescindible y menos el ministro de Economía».


Algo más cerca de los mensajes más políticos que financieros, Lavagna dijo luego que «sobre la deuda, basta. Hablemos sobre trabajo argentino. No dejemos que los diarios, por vender más, nos impongan los temas.

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