Logró imponer Francia a Europa objetivo de inmigración selectiva
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Dada la frontal oposición de España, las autoridades francesas ya habían renunciado previamente a incluir en el pacto el denominado «contrato de integración», en el que los inmigrantes se comprometerían a aprender la lengua del país de acogida y a respetar sus leyes. No obstante, el texto señala que los Estados miembro tendrán que adoptar medidas específicas para facilitar el aprendizaje del idioma y el acceso al empleo a los inmigrantes, como medio de favorecer su integración.
El ministro español, Alfredo Pérez Rubalcaba, hizo hincapié en que la cuestión del idioma «ha pasado de ser una obligación para los inmigrantes -con el contrato- a serlo para
los Estados».
En las últimas negociaciones bilaterales, el gobierno español también consiguió suavizar la alusión a los procesos de regularización. Así, el pacto ya no aboga por prohibir las regularizaciones generales e incondicionales y se limita a señalar que éstas serán «caso por caso y no generales, en el marco de la legislación nacional, por motivos humanitarios o económicos». Al suprimir las referencias a las regularizaciones masivas, España evitó que el texto se interprete como una crítica a la política migratoria aplicada por el primer gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.
Rubalcaba se declaró «satisfecho» con el documento, pues defiende la misma política migratoria que aplica el gobierno socialista español.
Pese a su intento de moderar algunos aspectos de la iniciativa, Rubalcaba afirmó que, para que la lucha contra la inmigración ilegal sea efectiva, es fundamental enviar un «mensaje inequívoco» de que todas las personas que entren ilegalmente en el bloque serán repatriadas.
El texto constata que «la UE no tiene los medios de acoger dignamente a todos los inmigrantes que esperan encontrar aquí una vida mejor» y advierte de que «una inmigración mal gestionada puede poner en riesgo la cohesión social del país de destino».
Para evitarlo, cada Estado miembro deberá determinar las condiciones de admisión a su territorio y fijar el número de inmigrantes, es decir, una política de inmigración «selectiva», atendiendo a la situación del mercado de trabajo y a las consecuenciasen los demás Estadosmiembro.
Recomienda concentrarse en trabajadores calificados y dar prioridad a la inmigración temporal, para evitar la fuga de cerebros.
El texto defiende la cooperación con los países de origen y tránsito de los inmigrantes pues, como recordó Rubalcaba, la gestión de la inmigración debe ser una «tarea compartida».
Insta a establecer acuerdos de readmisión con los países de origen, con los que también se trabajará en la lucha contra el tráfico de personas, sin olvidar el apoyo a su desarrollo.
Respecto de qué hacer con los inmigrantes irregulares que ya están en la UE, el texto es claro: «Deben abandonar este territorio».
La cuestión del asilo fue la única que suscitó dudas a algunos países, dado que Suecia y Finlandia se mostraron partidarios de un enfoque más garantista. Pero todos estuvieron de acuerdo con pedir a la Comisión Europea que presente propuestas para instaurar en 2012 un procedimiento de asilo común en toda la UE.




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