Los dilemas de Bush en la crisis
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Robert Maguire, experto en Haití y profesor del Trinity College en Washington, dijo que Aristide se intoxicó con el poder. «Sintió que no debía participar del juego político haitiano tradicional», dijo Maguire. «Solía decir: 'Soy el rey del mundo'. Así es como gobernó.
Abandonar a Aristide plantea la cuestión de que se sienta un precedente de permitir que enemigos políticos y sus pistoleros laxamente aliados derroquen a otro gobierno elegido en un hemisferio que pensaba que había terminado con ese tipo de ciclo. Aun así, el gobierno estadounidense ha apostado en gran medida a la oposición política, que incluye coaliciones de personajes de grupos como la elite empresarial de Haití, sindicatos y maestros. Critican el populismo de Aristide pero afirman apoyar los principios democráticos.
Funcionarios del gobierno estadounidense insisten en que no alentaron a golpistas. Lo que realmente preocupaba a los funcionarios estadounidenses era la perspectiva de que una crisis humanitaria estallara antes de que pudiera resolverse la turbulencia política. Se temía que Puerto Príncipe, la capital, pudiera caer en la anarquía y en un derramamiento de sangre a gran escala. Esto, a su vez, podría llevar a enormes cantidades de haitianos a hacer lo que a menudo hacen en las crisis: construir barcos y dirigirse a Florida.
• Lección
El presidente George W. Bush, que no puede permitirse esa perspectiva en un año electoral, puso en claro que un éxodo no sería tolerado. Nancy E. Soderberg, quien estuvo con el Consejo de Seguridad Nacional de Bill Clinton cuando Aristide fue reinstalado con el apoyo de tropas estadounidenses, dijo que hay una lección en las opciones al parecer imposibles que se enfrentan hoy: el mundo no debe salirse de países fracasados demasiado pronto.
«Tenemos que permanecer involucrados mucho después de que se establezca la paz o la historia se repetirá», dijo. Pero eso, en cierta forma, es una manera optimista de declarar cómo se sienten los expertos. «Se puede apreciar la frustración de la comunidad internacional», dijo Joshua Sears, embajador de Bahamas en Washington. «No podemos estar haciendo esto cada diez años. Simplemente es imposible.»




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