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"Yo estoy molesto, sufriendo mucho, cuando veo denuncias y más denuncias, insinuaciones y más insinuaciones, y ninguna prueba hasta ahora que pueda condenar a una persona", dijo Lula da Silva en una visita a Ceará, en el nordeste del país. El presidente reafirmó que su respuesta ante las acusaciones y denuncias será la "paciencia".
"Vamos a tener paciencia (...). Lo que fue mentira va a aparecer. Lo que fue verdad va a aparecer. Sólo espero que quienquiera que haya cometido un delito, sea de mi partido o de otros, ateo, católico o evangelista, sea castigado", dijo.
El mandatario afirmó que tiene confianza en que el Congreso y la justicia podrán investigar todas las acusaciones. "Así la crisis va a terminar un día: quien tenga que pagar, pagará". Sin embargo, Lula da Silva pidió a los brasileños que sean concientes de que el presidente no puede por sí solo solucionar esta crisis.
"Nadie puede esperar que sea el presidente de la República quien solucione esto, porque no estamos en tiempos del imperio. No soy emperador ni estamos en una monarquía. Esto es una democracia, una república", explicó.
"Yo haré lo que me toca: si el acusado es del gobierno, lo dimito. Si la policía federal debe investigar, así lo ordeno. Pero quien va a juzgar y castigar no es ningún ministro ni presidente", agregó.
Al hablar ante una multitud formada mayoritariamente por militantes de su partido, el de los Trabajadores, Lula da Silva pidió a los brasileños que "no pierdan la esperanza".
"Yo sólo quería pedirles que no pierdan la esperanza nunca. Que en ningún momento piensen que no vale la pena participar de la vida política, pero cuando nada parece valer la pena, el pueblo vale la pena", afirmó.
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