Lula, inmune a escándalos, ganaría en primera vuelta
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El presidente Luiz Inácio
Lula da Silva gesticula ayer
durante una ceremonia en
el Palacio Presidencial. El
nuevo caso de corrupción
no impediría que el
domingo obtenga un
segundo mandato.
Un dato interesante de la encuesta de Sensus está dado por el hecho de que, pese al ruido público, no todos los brasileños están al tanto del «dossiergate».
Otro es que 58% de los entrevistados afirmó tener conocimiento del tema, pero sólo 3,2% dijo haber cambiado su voto por él.
Según el director de Sensus, Ricardo Guedes, «la compra del dossier tuvo poco impacto. Priman más la estabilidad del real, los programas sociales, el aumento de los salarios por encima de la inflación y la propia popularidad de Lula». Con todo, el especialista se atajó: «Todavía no hubo tiempo suficiente para que la opinión pública se forme un juicio sobre el caso», dijo sin descartar novedades.
Mientras, la campaña seguía ayer al rojo vivo, con Lula protagonizando al cierre de esta edición un acto en Belo Horizonte (estado de Minas Gerais), un distrito clave por ser el segundo mayor colegio electoral de Brasil, y donde busca consolidar la estrecha ventaja que le adjudican las encuestas.
En tanto, el escándalo se enrevesaba más al conocerse que la Policía Federal investiga como uno de los hombres clave del montaje contra los socialdemócratas al empresario Abel Pereira, un hombre acusado de haberse beneficiado por la venta de ambulancias sobrefacturadas al Estado y estrechamente ligado a Barjas Negri, ex ministro de Salud del gobierno de Fernando Henrique Cardoso. Sí, ligado no al PT, sino al PSDB. ¿Habrá inocentes en esta historia?
Por otro lado, fuentes policiales brasileñas esperan hoy un informe del FBI norteamericano, que podría arrojar claves sobre el origen de los dólares que iban a ser usados para comprar las carpetas supuestamente comprometedoras para los opositores.
La esperanza del PSDB es que surja algún elemento que implique más concretamente al presidente o a hombres de su confianza, lo que podría resultar más complicado si los billetes hicieron varias escalas, por ejemplo, en bancos estadounidenses.
En la última derivación del caso, el Tribunal Superior Electoral, que investiga si la campaña petista se quiso beneficiar con las carpetas, le dio a Lula diez días hábiles para fundamentar su postura.
Con la prórroga (el plazo antes era de 5 días), el mandatario podrá ir a las elecciones del domingo sin prestarse antes de esa fecha al deleite de la oposición, aunque, teóricamente, su candidatura podría ser impugnada por los jueces incluso después de un eventual triunfo, un extremo que ha sido rechazado como « golpista» por el oficialismo.
La pirotecnia verbal es notable, y crece en paralelo a lo que se juega cada día que pasa.
Aunque no es santo de su devoción, Cardoso pareció imbuirse el lunes a la noche del espíritu de Hugo Chávez, al llamar «demonio» a Lula. «El insinúa que fue traicionado.
Inmodestamente, se comparó con Cristo. Y se equivocó, porque Cristo nunca fue a besar a Judas ni lo llamó compañero. Eso no es de Cristo, es del demonio, y tenemos que expulsarlo por el voto», disparó ante 3.000 personas durante un acto por la ética en San Pablo.
La polémica surgió después de que Lula se hubo presentado (una vez más) como un Cristo traicionado por sus apóstoles, lo que derivó ayer en una curiosa polémica que hasta involucró notas de los diarios a varios teólogos, que hablaron del mesianismo presidencial. De todo se habla en esta campaña. De todo, menos de propuestas.




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