Congreso brasileño retomará hoy sus actividades, tras el receso por el carnaval, y los observadores esperan que dé indicios claros sobre si el presidente Luiz Inácio Lula Da Silva comenzará a superar la crisis política que le generó el primer escándalo de corrupción de su gobierno o si éste seguirá profundizándose, complicando las posibilidades de su alianza en los cruciales comicios municipales de octubre.
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La ratificación de las credenciales de honestidad del gobierno será tan importante como la recuperación de la economía de cara al test electoral, afirman analistas, cuando el Partido de los Trabajadores pondrá en juego nada menos que el control de la ciudad de San Pablo, capital económica del país y tercer presupuesto de Brasil detrás del de la Unión y del correspondiente al estado homónimo.
La crisis desatada por las coimas pedidas por el funcionario Waldomiro Diniz en la campaña electoral de 2002 a los barones de la mafia del juego ilegal se da en el marco de una incipiente caída en los niveles de popularidad del gobierno y en una polémica abierta entre los especialistas en torno a si el ministro de Hacienda, Antonio Palocci, cumplirá con su promesa de hacer crecer este año la economía entre 3,5% y 4%.
El gobierno teme que a partir de hoy el Congreso avance en la conformación de una comisión parlamentaria de investigación (CPI), para la cual ya hay una iniciativa en marcha en el Senado a la que sólo le faltan cinco firmas para materializarse.
• Alto impacto
En caso de que la comisión se instale -con apoyo de la oposición y de sectores de izquierda del Partido de los Trabajadores descontentos con el rumbo oficial-, se especula que el hombre clave del presidente, el jefe de la Casa Civil (jefe de gabinete), José Dirceu, jefe político de Diniz, podría abandonar su puesto. Ese sería un golpe de alto impacto para el gobierno.
Pero los problemas de Lula no se limitan al Waldogate. Las dudas sobre las posibilidades de mostrar este año un crecimiento económico que permita al gobierno comenzar a cumplir con sus promesas sociales serán un tema de particular importancia de cara a las municipales de octubre.
A nivel oficial se anunció en los últimos días que el PBI brasileño se contrajo 0,2% en 2003, el primer año de gestión de Lula. Palocci recordó ante las críticas que la economía creció 1,5% en el último trimestre del último año y ratificó la meta de crecimiento para 2004.
La persistencia del estancamiento económico dificultaría al gobierno el cumplimiento de la meta de superávit fiscal primario (antes del pago de deudas) de 4,25% previsto en el acuerdo con el FMI. Además obligaría a las autoridades a mantener un fuerte control sobre el gasto, afectando las posibilidades de sus candidatos a alcalde.
Hasta ahora las encuestas favorecen a la petista Marta Suplicy en San Pablo, el premio mayor de la contienda y una plaza crucial para el éxito de Lula en la pelea por su reelección en 2006.
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