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Aunque Lula se mostró partidario de responder a la demanda de aumentar el salario mínimo, sugirió que hay temas más importantes y que aprobará lo que el presupuesto permita.
Esta fue la primera reunión ocurrida en la historia de Brasil entre un presidente electo y las centrales sindicales, afirmaron analistas del sector.
"Necesitamos menos alardes y más competencia", les dijo a los representantes de las principales centrales sindicales brasileñas, al reclamar de estos "cohesión" para los problemas claves del país, como recuperar el crecimiento y combatir el desempleo y el hambre.
"Hay mucho por hacer en Brasil", afirmó Lula, quien apeló a "ponernos de acuerdo en lo que existe consenso, y luego en lo que divergimos".
El presidente electo criticó los debates del movimiento obrero, que se ha dividido en torno a si es necesario o no reformar el sindicalismo del país.
También denunció las presiones por un aumento en el salario mínimo (equivalente hoy a unos 55 dólares) de 20 por ciento que de manera unánime le piden los sindicalistas, sus antiguos colegas.
Otro consenso de los sindicalistas es la reducción de la jornada laboral, de 44 para 40 horas semanales, y a 36 horas los sectores que ya redujeron a 40.
"Si es verdad que tenemos los números que tenemos, de 52 millones de personas pasando hambre, ¿será que la discusión debe ser si el salario mínimo es 240 o 220 reales, o si esas personas tienen que tener derecho a un desayuno, un almuerzo y una cena?", afirmó.
Aunque recordó que en las elecciones se comprometió a doblar la capacidad adquisitiva del salario de los trabajadores, pidió tiempo para entrar en el gobierno (en enero) "y ver las disponibilidades".
Lula ha tratado de crear un diálogo con empresarios y trabajadores para hallar un consenso sobre los principales temas que afectan a la nación, con una coyuntura de bajo crecimiento, alta inflación, creciente desempleo y enorme deuda, que representa más del 60 por ciento del Producto Bruto Interno.
El apoyo de ambas partes será clave para las reformas en las que el presidente se ha comprometido, y en las que basa la recuperación económica, del sistema de jubilaciones y pensiones, tributaria y laboral.
A los sindicatos Lula les garantizó que esas reformas no serán dictadas unilateralmente, sino consultadas con las partes. Lula pidió la colaboración de los sindicatos, pero también fue duro con estos: "ustedes son dirigentes sindicales, no son base, tienen algunos años fuera de la base. Saben que no siempre consiguieron atender las reivindicaciones de los trabajadores de sus sindicatos", les dijo a los 400 sindicalistas reunidos con él en un hotel de San Pablo.