Washington (El Mundo) - «La verdad, me parece escandaloso que el presidente justifique su reelección sobre la base de que está haciendo mucho para combatir el terrorismo.» La frase no es de ningún demócrata, sino del hombre que hasta hace 13 meses fue uno de los máximos responsables de la política antiterrorista de la Administración Bush, Richard Clarke.
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Clarke se expresó en estos términos con motivo de la puesta a la venta de su libro «Dentro de la guerra contra el terrorismo de la Casa Blanca. Lo que pasó en realidad».
En una entrevista con la cadena de televisión CBS, Clarke dio a entender que a la administración Bush le dio más o menos igual que Osama bin Laden y Al-Qaeda estuvieran en Afganistán. « Hablaban de Irak el 11 de setiembre», recuerda Clarke, en referencia a la fecha del ataque de los seguidores de Bin Laden en NuevaYork y en Washington. «Hablaban de Irak el 12 de setiembre», añade en la entrevista, según un avance difundido por CBS. En un momento dado, la discusión en la Casa Blanca acerca de contra quién ir -si Irak o los talibanes-alcanza límites absurdos. «Rumsfeld decía que teníamos que bombardear Irak. Y nosotros contestamos: 'Que no, que no, que Al-Qaeda está en Afganistán'. Y entonces Rumsfeld puntualizó: 'No hay buenos objetivos (para los bombarderos) en Afganistán, pero sí los hay en Irak'.» Las críticas de Clarke son similares a las formuladas por el ex secretario del Tesoro Paul O'Neill, en su libro «El precio de la lealtad».
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