El ejército de los Estados Unidos dijo que no había registrado muertes de civiles y creía que había matado a un líder de Al-Qaeda mediante un bombardeo preciso.
Lo que sí pudo confirmarse fue la muerte de once iraquíes en otros ataques. Entre ellos, un oficial de la policía criminal de Bagdad, un chofer de un comandante de la policía en el barrio bagdadí de Dura, y la directora de un colegio y su marido al oeste de la capital.
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