18 de marzo 2005 - 00:00

Mesa, sin comicios, decidía anoche con militares su futuro

La crisis política boliviana llegó ayer a su punto de mayor gravedad, después de que el Congreso rechazara el llamado a elecciones anticipadas propuesto por el presidente Carlos Mesa, y que éste convocara a los mandos de las fuerzas armadas y de la policía para definir si renunciaba o seguía en su cargo. En medio de una fuerte incertidumbre, y hasta de denuncias opositoras de autogolpe, quedó claro que los desprestigiados legisladores no aceptan someter sus cargos al voto de los ciudadanos. Es que en una elección general, Mesa, cuya popularidad supera 60%, no sólo volvería relegitimado al Palacio de Gobierno sino que podría gobernar con una sólida mayoría legislativa, algo que no acepta gran parte de los partidos tradicionales. El costo, mientras, lo paga una sociedad que sigue sufriendo las consecuencias de una protesta social creciente, que amenaza con inviabilizar la, tal vez, última oportunidad de Bolivia para superar el atraso: la explotación de sus ingentes riquezas gasíferas, valuadas hoy en 50.000 millones de dólares.

Evo Morales conversa con un diputado en un alto de la sesión de ayer, en la que el Congreso de Bolivia rechazó el llamado presidencial a comicios anticipados.
Evo Morales conversa con un diputado en un alto de la sesión de ayer, en la que el Congreso de Bolivia rechazó el llamado presidencial a comicios anticipados.
La Paz (AFP, Reuters, EFE, ANSA, DPA, ASN) - El presidente de Bolivia, Carlos Mesa, mantenía al cierre de esta edición una reunión con los mandos militares para decidir si renunciaba o se mantenía en el poder, tras recibir un nuevo y duro revés en el Congreso, que rechazó su pedido de elecciones generales anticipadas.

Además de los jefes militares, participaban del encuentro los mandos de la Policía, los máximos representantes de la Iglesia católica y sus principales operadores políticos.

• Optimismo

«Hemos visto un presidente optimista», dijo el diputado Willmam Cardozo, tras la entrevista con Mesa, mientras Bolivia se mantenía sumida en la incertidumbre acerca de los próximos pasos del mandatario. Horas antes el Congreso había rechazado su pedido de adelantar al 28 de agosto las elecciones generales previstas para junio de 2007.

Al cabo de cinco horas y media de sesión, el Congreso aprobó una escueta resolución que declaró «inaceptable la solicitud del presidente Constitucional de la República para que este poder dicte una ley interpretativa del Artículo 93° de la Constitución Política del Estado».

La resolución indicó que la propuesta «carece de toda base legal» y es «contraria a la Constitución Política del Estado».

Mesa había pedido adelantar las elecciones después de que la Cámara de Diputados hubo aprobado el miércoles un proyecto de ley de hidrocarburos que calificó de «suicida» y que anunció que no promulgara, en medio de duras protestas sociales y la negativa de los fiscales a actuar para sancionar a los responsables de los piquetes y bloqueos de caminos.

Diez días antes, el presidente había renunciado, pero el mismo Congreso le rechazó la dimisión tras firmar un acuerdo para llevar adelante un programa mínimo de consenso.

El proyecto de ley que anticipa las elecciones que envió el martes Mesa al Congreso fue rechazado por mayoría, en un ambiente general de
especulaciones en torno a una supuesta inminente renuncia del presidente y hasta de la posibilidad de un autogolpe.

El ex presidente Jaime Paz Zamora declaró a una radio local que una salida posible es que el Congreso patrocine un acuerdo político-social para conformar «un gobierno institucional que apoye a un sucesor del presidente y haga gobernable el país».

En ese contexto de una eventual renuncia de Mesa, el senador Enrique Urquidi, del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), lo acusó de buscar la destrucción de los partidos «tal vez con el interés de formar su propio partido político y presentarse a las elecciones nacionales con una mayoría absoluta en el Congreso».

En la reunión del Congreso hubo casi total coincidencia en criticar no sólo la propuesta de adelantamiento de elecciones formulada por Mesa sino también su gestión y el enfrentamiento que mantiene con los partidos políticos.

«Dice que no va a sancionar la nueva ley de hidrocarburos, que no puede desbloquear los caminos. No entiendo qué es lo que hace. ¿Paga alquiler para estar en el Palacio? No está cumpliendo con su función»,
embistió Luis Eduardo Siles, también del MNR, al pedir la renuncia de Mesa.

En contraposición,
Evo Morales, jefe del Movimiento al Socialismo (MAS), que promovió las protestas sociales contra el proyecto de ley de hidrocarburos del presidente, se pronunció contra la renuncia de Mesa.

• Acuerdo político

«Nosotros no hicimos los bloqueos para que renuncie ni para que adelante las elecciones. Nosotros luchamos para recuperar nuestros recursos naturales. No hemos planteado la expulsión de las transnacionales. Si antes mantenía esa posición, me he dado cuenta de que es importante tener socios, pero no tener dueños», dijo Morales.

El MAS se pronunció a favor de que Mesa convoque, desde la Presidencia, a un gran Acuerdo Político para gobernar con una agenda mínima que, en consulta con las organizaciones sociales, compatibilice las demandas de Asamblea Constituyente de la parte andina del país con las de autonomía, de las regiones orientales.

De los más de 40 parlamentarios que hablaron durante la sesión de ayer, sólo dos hicieron un análisis político de los motivos de Mesa para solicitar el adelanto de las elecciones. «No nos damos cuenta de que estamos leyendo inadecuadamente la realidad social y política del país», dijo el diputado
Hugo San Martín, quien apoya a Mesa, al citar antecedentes de acuerdos políticos que permitieron en el pasado inmediato solucionar crisis similares.

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