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3 de noviembre 2026 - 18:47

Mientras los votantes se dirigen a las urnas, los demócratas apuestan a que el descontento impulsará su victoria

Los sondeos anticipan un avance demócrata en el Congreso, impulsado por el rechazo a las políticas de Donald Trump. La disputa por el Senado sigue abierta, con contiendas ajustadas en estados históricamente republicanos.

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Donald Trump enfrenta las elecciones de medio término con una caída de popularidad y un escenario adverso para los republicanos en el Congreso.

Imagen creada con IA

La campaña fue muy dura para los republicanos, que tuvieron que enfrentar a un Donald Trump impopular y omnipresente, y a votantes furiosos por sus políticas. Después de haber prometido bajar los precios para los estadounidenses, el presidente inició una guerra e impuso aranceles que los elevaron. Los intentos de manipular los distritos electorales para asegurarse una victoria en la Cámara de Representantes parecen haber fracasado: nuestro modelo de pronóstico les da a los demócratas un 94% de probabilidades de quedarse con la Cámara baja. Los republicanos se vieron obligados a defender bancas del Senado en antiguos bastiones, y se espera que el gasto publicitario para estas elecciones de medio término establezca un nuevo récord y supere incluso al de las elecciones presidenciales de 2024.

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Sin embargo, mientras los estadounidenses se dirigen a las urnas, los republicanos disfrutan de su primer ciclo de buenas noticias en meses. En Michigan, Haley Stevens, una demócrata proisraelí que perdió por un estrecho margen las primarias del partido para el Senado frente al progresista Abdul El-Sayed, anunció un respaldo de último momento a Mike Rogers, el candidato republicano. En la contienda por el Senado de Alaska, Mary Peltola, la candidata demócrata, se ve sacudida por un informe de The New York Times según el cual su campaña reclutó a un candidato con el mismo nombre que su oponente republicano para restarle votos. ¿Importarán estas disputas?

Ambas noticias aparecieron demasiado tarde como para que los promedios de las encuestas detectaran algún impacto. Los mercados de predicción ignoraron las noticias, incluso cuando los enfrentamientos legales por la campaña de Peltola parecen destinados a prolongarse durante semanas. En Kalshi, Peltola tiene las mismas probabilidades de victoria del 72% que tenía en la víspera de la publicación del artículo de The New York Times, mientras que la probabilidad de victoria del doctor El-Sayed subió al 78% a media tarde del 2 de noviembre. Esta última cifra refleja la reacción de los operadores a la última tanda de encuestas de la asociación entre The New York Times y la Universidad de Siena, la encuestadora más destacada de Estados Unidos. Fueron publicadas el 1 de noviembre e indican no solo una ola azul, sino un tsunami: el doctor El-Sayed llevaba una ventaja de 11 puntos porcentuales, mientras que los demócratas en las otras contiendas clave por el Senado aventajaban a sus rivales entre uno y siete puntos.

Ahora los mercados consideran que los demócratas tienen un 75% de probabilidades de ganar el Senado. Nate Silver, el pronosticador electoral cuantitativo más destacado de Estados Unidos, les asigna a los demócratas un 82% de probabilidades. Pero el propio modelo de pronóstico de The Economist es más cauteloso y sitúa en apenas un 53% la probabilidad de que los demócratas den vuelta el control del Senado. La principal fuente de este desacuerdo sigue siendo que nuestro modelo predice, sobre la base de los antecedentes históricos, que las encuestas de todo el país sobreestimarán en aproximadamente un punto el margen de los demócratas. Esa diferencia es más pronunciada en los estados que habitualmente votan por los republicanos, entre los que este año se encuentran estados cruciales para las esperanzas demócratas de controlar el Senado, como Texas, Alaska, Iowa, Kansas y Ohio.

Nuestro modelo está aproximadamente en línea con los mercados en los estados de tendencia demócrata moderada y en los estados políticamente competitivos, y es mucho más escéptico respecto de la capacidad de los demócratas para avanzar profundamente en territorio republicano. Nuestras estimaciones sobre las probabilidades de victoria del partido en los principales estados republicanos en disputa —Alaska, Iowa, Kansas, Ohio y Texas— son todas alrededor de 20 puntos porcentuales inferiores a las cotizaciones de Kalshi, lo que equivale a unos 2,5 puntos de margen. En Ohio, las encuestas muestran que se reduce la ventaja de Sherrod Brown, el demócrata, sobre el republicano en ejercicio, Jon Husted.

Aun así, nuestro modelo favorece a los demócratas en suficientes estados —entre ellos Maine, Michigan y Carolina del Norte— como para conseguir 49 bancas en el Senado. Les asigna probabilidades iguales en otros tres —Alaska, Ohio y Texas— que podrían convertirse en la banca número 50 y en la número 51, que les daría la mayoría.

Esto da cuenta de las características repelentes tanto del señor Trump como de muchos de los candidatos que él respaldó, como Ken Paxton en Texas y Roger Marshall en Kansas. Entre los estados donde una victoria demócrata es poco probable, pero está lejos de ser imposible, ahora figura Carolina del Sur, que el señor Trump ganó por 18 puntos hace dos años. Lindsey Graham, quien representó a Carolina del Sur en el Senado durante más de 20 años, murió en julio y fue reemplazado por su hermana Darline, una novata en política. La semana pasada, el equipo de encuestas de The New York Times y Siena encontró que la contienda estaba empatada.

Así, en los últimos días de campaña, los partidos realizaron sus últimos llamamientos a los votantes. El argumento final del señor Trump no sigue los tópicos habituales de este tipo de discursos; en lugar de ofrecer una defensa coherente de su gestión, los temas incluyen afirmaciones infundadas de que el doctor El-Sayed es un yihadista, alardes sobre nuevas tuberías en el estanque reflectante de la capital y elogios al trasero del señor Husted. El espectáculo de Trump puede ayudar a algunos candidatos a movilizar a su base, pero representa un problema en los estados políticamente competitivos.

Los demócratas tienen un mensaje más sencillo: que al señor Trump le importa más aumentar su propia fortuna que ayudar a los estadounidenses comunes. "Tenemos una crisis de asequibilidad porque tenemos una crisis de corrupción", declaró James Talarico en un acto de campaña en Houston el sábado. El señor Talarico intenta convertirse en el primer senador demócrata de Texas en más de tres décadas. Nuestro modelo le asigna un 52% de probabilidades de lograrlo. Que la contienda esté tan reñida ilustra la oportunidad que genera la impopularidad del señor Trump y el desafío que enfrentan los demócratas para convertirla en una victoria.

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