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La denuncia de
fraude del
opositor Movimiento
Democrático
Naranja
(ODM) generó
violentas
revueltas en el
oeste de Kenia.
En los barrios
más pobres de
Nairobi, la
mayoría de las
casas y chozas
fueron incendiadas.
Ya habría
más de 300
muertos.
El caos se desató tras las elecciones del viernes último en las que se enfrentaron el presidente saliente Mwai Kibaki y Raila Odinga, del Movimiento Democrático Naranja (ODM), su ex aliado convertido en principal rival. Luego de un lento conteo de votos, la comisión electoral le da el trinfo al mandatario, pero el ODM lo rechaza y asegura que hubo fraude. Estallaron las revueltas en los barrios más pobres de Nairobi y en el oeste del país (feudo de Odinga).
La erupción de la violencia en una de las democracias más estables de Africa, con una economía relativamente fuerte, ha conmocionado al mundo y horrorizó a los kenianos en momentos en que las históricas rivalidades tribales enfrentan una contra otra a las comunidades del país.
Washington primero felicitó al presidente electo Mwai Kibaki pero luego expresó « preocupaciones sobre irregularidades».
Gran Bretaña, ex potencia colonial, la Unión Europea (UE) y otros evitaron felicitar a Kibaki, se mostraron preocupados, instaron a la reconciliación y pidieron una investigaciónsobre las sospechas de irregularidadesen la votación.
«Las elecciones generales de 2007 no han alcanzado los estándares internacionales y regionales clave de las elecciones democráticas», dijo la misión de observadores de la UE, en su evaluación formal.
Los diplomáticos occidentales trataban de iniciar una mediación entre ambas partes. En ese sentido, el primer ministro británico, Gordon Brown, hizo un llamamiento a Kibaki y a su rival opositor Raila Odinga a reunirse y «tantear» la idea de un gobierno de coalición, con ayuda de la Unión Africana. Sin embargo, Odinga afirmó que no aceptará negociar con el presidente si no reconoce que perdió las elecciones.
Uno de los principales diarios de la nación africana, el «Daily Nation», expresó su temor a que Kenia esté «al borde de un colapso total». En las calles se veía una fuerte presencia policial en el primer día del año y, por la mañana, la situación estaba más tranquila.
Pero también comenzaban a conocerse los detalles de un creciente saldo de muertes y destrucción generalizada en uno de los peores momentos del país desde que en 1963 se independizara de Gran Bretaña.
Un sacerdote católico irlandés en Eldoret, el padre Paul Brennan, dijo que habían pandillas rondando las calles.
«Están incendiando casas. Es muy peligroso salir para contar los muertos», dijo. «Las iglesias están repletas. En la catedral principal, hay cuatro o cinco mil» personas, agregó.
La mayoría de las muertes se han debido a disparos de la policía contra los manifestantes, según testigos, lo que ha provocado acusaciones de grupos de derechos humanos y de la oposición que dicen que Kibaki convirtió a Kenia en un «estado policial».
Las fuerzas del orden reportaron 143 muertos. Pero medios locales dieron cifras entre 153 y 164 fallecidos, mientras que reporteros en el país estimaron unos 200, pero esperan que la cifra aumente. Odinga dijo que MDN verificó 160 fallecidos hasta el lunes, pero con las muertes ocurridas durante la noche, el total habría aumentado a unos 250 o «ligeramente más».
Al menos 70.000 personas huyeron de sus hogares en el oeste del país, donde imágenes aéreas que fueron divulgadas a la prensa mostraban un escenario de caos, con casas y chozas incendiadas por doquier, y numerosos controles de seguridad instalados por bandas en las rutas de la región. «Es un desastre nacional», declaró en rueda de prensa el secretario general de la Cruz Roja keniana, Abbas Gullet.




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