Los ciudadanos de Israel aguardan los resultados definitivos de las elecciones legislativas del martes, las cuartas en dos años, para saber si la balanza se inclina hacia el lado de Benjamín Netanyahu, el primer ministro más longevo de la historia del país, o de su principal rival, Yair Lapid.
El martes por la noche Netanyahu proclamó "una victoria inmensa" de la derecha en las urnas. Con un 90% de los votos escrutados el miércoles por la mañana su partido, el Likud, disponía de 30 escaños, seguido Yesh Atid, de Lapid, con 17.
El que fuera principal rival de Netanyahu hace tan solo algunos meses, Benny Gantz, con el que formó un gobierno de unión nacional hasta hace escasas semanas, obtuvo tan solo ocho escaños.
Si Netanyahu y Lapid, se unen a sus aliados considerados lógicos, sumarían cada uno unos 50 escaños del total de los 120 de la Knéset (parlamento). Es decir, ninguno llegaría a los 61 necesarios para formar gobierno en Israel.
Por tanto, las miradas se dirigen por ejemplo a Naftali Bennett, cuyo partido Yamina, que representa a una derecha radical, nacionalista y religiosa, obtuvo siete escaños.
Este expupilo de Netanyahu, en el cargo desde 2009, ha alimentado el misterio durante toda la campaña y al día de hoy no se sabe si se unirá a una coalición con "Bibi", como se conoce al primer ministro, o contra él, para desterrarlo del poder.
Bennet se comprometió a no formar parte de un gobierno dirigido por Lapid, siempre y cuando Netanyahu no se alíe con el diputado Mansour Abás, que salió de la coalición de partidos árabes y se presentó en solitario en estos comicios. Este político se dijo dispuesto a trabajar con Netanyahu, lo que provocó vivas críticas de la comunidad de palestinos de Israel, que representan un 20% de la población.
En Israel los partidos deben obtener un mínimo de 3,25% votos en las elecciones para poder entrar en el parlamento. Este porcentaje de votos les otorga un mínimo de cuatro diputados.
La pequeña formación de Abás consiguió finalmente cinco diputados y esto lo cambia todo.
"Ayer nos fuimos a dormir con un empate y no tengo idea de lo que nos espera hoy al despertarnos", resumió el miércoles el columnista Ben Caspit en el diario Maariv: "Todo depende de los resultados finales y sobre todo de Naftali Bennett", agregó.
Para otro analista, Yaron Deckel, es probable que Bennett presione al primer ministro antes de darle su apoyo. "Acudirá a Netanyahu con importantes exigencias y Netanyahu tendrá que pagar el precio", subrayó.
Entre los escenarios posibles, Bennett podría pedir ser una especie de vice primer ministro, un puesto que sería creado a su medida. Netanyahu, acusado de corrupción en varios casos, deberá someterse a una nueva audiencia ante los jueces el 5 de abril.
"Bennett piensa quizás que si esto pesa demasiado, Netanyahu podría ausentarse en algún momento y él podría ejercer de primer ministro" de Israel, dijo Deckel.
"Me dirigiré a todos los que comparten nuestros principios. No descartaré a nadie", dijo el jefe de gobierno, que tenderá la mano a una derecha muy radical y religiosa y también podría verse obligado a recurrir a fuerzas políticas en principio incompatibles como son Naftali Bennett y Mansour Abás.
En este complejo rompecabezas político en el que 13 partidos se van a repartir 120 escaños, el bloque liderado por el centrista Lapid necesitará los apoyos de al menos dos de los tres partidos siguientes: Yamina de Naftali Bennett, Raam de Mansour Abás y la Lista Árabe Unida de Ayman Odeh.
La comisión electoral de Israel indicó que divulgará los resultados finales de aquí al viernes, justo antes que comience la Pascua judía, tras la cual se iniciarán las negociaciones entre los partidos para formar una mayoría y evitar algo que la mayoría de los israelíes temen: unas quintas elecciones.
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