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Luego de cuatro días de conversaciones, los adversarios del líder iraquí adoptaron una declaración política llamando a instaurar un "régimen democrático y federal, desprovisto de armas de destrucción masiva", luego del eventual derrocamiento de Saddam.
El documento describe el sistema federal como una base apropiada para "resolver el problema kurdo" y reconoce el derecho de esta minoría étnica a la autodeterminación bajo control de una legislación internacional.
Además, los opositores proponen "explotar los factores internacionales" para derrocar a Hussein, destacando que la oposición y la población deberían desempeñar "un papel primordial" en el "cambio anticipado" del régimen.
En tanto, un documento sobre la transición llama a limitar a un máximo de dos años este período, antes de la organización de elecciones que darían nacimiento a las "instituciones de un Estado democrático".
El período de transición podría ser dirigido por un "consejo de soberanía" de tres miembros y un gobierno civil de coalición, mientras un "consejo nacional" interino, con poderes legislativos, nombraría a una comisión de especialistas para redactar un proyecto de Constitución que sería luego propuesto al pueblo bajo forma de referéndum.
En una primera reacción de Bagdad a este congreso, la televisión estatal afirmó que "en Irak no hay lugar para los traidores", y agregó que los iraquíes no dejarían a Estados Unidos instaurar un gobierno como el de Hamid Karzai en Afganistán.