Cuando el empleado de la autoridad fiscal británica grabó en dos CD los datos personales de la mitad de la población británica y los colocó en el montón del correo una tarde de octubre, pensaba seguramente en cualquier otra cosa distinta de una tormenta política.
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Un mes después, la Policía busca febrilmente en todo el país los CD, tambalea el puesto del ministro de Finanzas (canciller del Tesoro), Alistair Darling, y el jefe del gobierno británico, Gordon Brown, cuenta cada vez con menos popularidad entre la opinión pública.
Ninguno de los CD llegó nunca a su destino, por lo que los datos de 25 millones de personas receptores de subsidios infantiles, que incluyen detalles bancarios, nombres y direcciones, desaparecieron sin rastro en el correo.
Los titulares para el nuevo gobierno, que en verano ( boreal) aún eran brillantes, no podían ser ayer más destructivos. «El desastre de los datos», escribía el diario «The Independent», hablando de «incompetencia» y « tropiezos»; «El canciller del Tesoro se irá, la cuestión es sólo cuándo», comentaba «The Daily Telegraph» y «The Times» hablaba de «idiotas» y un «gobierno de segunda clase». «Esto es realmente Gran Bretaña y no una república bananera», comentaba indignado el canciller en la sombra conservador, George Osborne.
No ayudó que Darling destacara rápidamente que los CD no han caído en «manos equivocadas» y que no hay signos de un acto criminal. Todas las familias recibirán su dinero, añadió.
Tampoco la dimisión del jefe de la autoridad fiscal HMRC, Paul Gray, aplacó la tormenta de indignación. Los bancos pidieron a sus clientes que analicen con cuidado los movimientos en sus cuentas, mientras las organizaciones de protección de la infancia advirtieron del abuso de datos por parte de pedófilos.
«Es un caso impactante», comentó el encargado de protección de datos británico Ricard Thomas a la radio BBC. «Cada sistema de compilación de datos debe estar protegido de fines criminales, debe ser a 'prueba de idiotas'», añadió.
Negligencia
Es el gobierno el que tiene que dar la cara por la negligencia de las autoridades, considera la oposición, cuestionando la continuidad de Darling, un estrecho amigo del premier Brown. Su cargo «está claramente cuestionado», dijo Osborne, pero el ministro de Finanzas rechazó su dimisión: «No saldré corriendo cuando la situación se pone difícil».
Pero Darling, que a finales de junio fue nombrado canciller del Tesoro por el actual premier Brown, no tiene sólo que preocuparse por el problemade los datos: desde hace semanas se encuentra en la línea de fuego por la crisis en torno al banco hipotecario Norhern Rock, a quien el banco emisor inglés había proporcionado un crédito de emergencia.
Pese a todo, Brown expresó a su amigo su confianza, pero la cara de furia que puso el premier cuando el martes Darling informó sobre la cuestión de los datos fiscales en la Cámara baja lo decía todo: el propio Brown se encuentra en una situación delicada desde que decidió no convocar a elecciones parlamentarias adelantadas, una medida que dijo considerar cuando llegó al poder.
La cuestión no es sólo por qué los datos fueron grabados en CD y por qué se enviaron violando las normas, sino también por qué el gobierno reaccionó con tanta tardanza e informó recién ahora a la opinión pública.
Sólo el 10 de noviembre, alrededor de tres semanas después de que el empleado de bajo rango de las autoridades fiscales enviara los CD por correo al Tribunal de Cuentas en Londres desde el norte del país, se informó a la Cancillería del Tesoro de las pérdidas y cuatro días después se involucró a la Policía.
En defensa del empleado, un portavoz de la autoridad fiscal dijo que el hombre creía que el paquete había desaparecido por la huelga de correos que el país sufrió en octubre, y esperaba que «en algún momento volviera a aparecer».
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