Beirut (El Mundo, EFE, AFP) - El gobierno socialista español es propenso a los gestos políticos polémicos. El frustrado diálogo de paz con ETA le valió una fuerte crisis doméstica, mientras declaraciones del presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, sobre Israel y gestos como colocarse un pañuelo palestino alrededor del cuello generaron controversia internacional. Ahora parece decidido a volver a tocar la sensible cuerda de Medio Oriente, nada menos que con una reunión entre su canciller, Miguel Angel Moratinos, y el número dos de Hizbollah, Naim Qassem, un grupo señalado por el atentado a la AMIA en Buenos Aires.
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El encuentro, realizado el lunes, incluyó a la práctica totalidad de los líderes políticos libaneses. Moratinos ya había dicho el domingo anterior que «se trata de vincular a todos los actores» a la ofensiva diplomática para resolver la grave crisis libanesa, siguiendo la estela de su par francés, Bernard Kouchner, que logró reunir a más de una docena de dirigentes sectarios, incluidos acérrimos enemigos y antiguos señores de la guerra como el ex general Michel Aoun (prosirio), el ex presidente Amin Gemayel (antisirio), el druso Walid Yumblatt y el sunita Saad Hariri.
Kouchner también se entrevistó con una delegación de Hizbollah, pero ni él pudo acceder a un personaje de tal peso político en la comunidad chiita como Qassem -considerado el ideólogo y cerebro de Hizbollah- y tuvo que conversar con una delegación integrada por el ex ministro de Energía, Mohammed Fneish, y Nawaf Moussawi, jefe de Relaciones Exteriores de la agrupación. Hizbollah, que abandonó en noviembre el gobierno libanés, está incluida en el listado de organizaciones terroristas que maneja el gobierno de EE.UU.
Ideólogo
A Naim Qassen se lo considera el ideólogo y cerebro del grupo, al que Washington responsabiliza de múltiples atentados terroristas. «Ha sido un encuentro muy positivo que se enmarca en el diálogo nacional que estamos apoyando. Se está muy cerca de encontrar un compromiso. Ha sido un día muy duro», señaló el titular de Exteriores al referirsea su cita con el número dos del líder de Hizbollah, Hassan Nasrallah.
La actitud de Madrid y de París supone un marcado giro de estrategia que los aleja de la posición que mantiene el gobierno de EE.UU., que se mantiene aferrado a la táctica de ignorar a las agrupaciones opositoras libanesas -que representan a cerca de la mitad de la población- y a sus principales mentores, Siria e Irán. «En esta crisis no puedes excluir a ningún sector», aclaró un diplomático español que acompañaba a Moratinos. «Se trata de mantener la calma en los países del entorno para que el enviado del Cuarteto para Medio Oriente (el ex premier británico Tony Blair) pueda dedicar el verano ( boreal) a conseguir desbloquear el meollo de todas las desavenencias en la región: el conflicto entre israelíes y palestinos», explicó otra fuente diplomática de Madrid.
Dentro de ese esfuerzo por discutir con todas las partes que ejercen alguna influencia en el conflicto libanés, Moratinos habló ayer en Damasco con el presidente sirio, Bashar al-Assad. Dijo allí que ese país, acusado por EE.UU. de pertenecer al «eje del mal», «es parte de la solución y no del problema».
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