Ayer, temprano, los mercados registraban fuertes pérdidas por temor a que Al-Qaeda hubiera hecho final-mente su prometida irrupción en Europa para castigar a los aliados de George W. Bush en la ocupación de Irak. Pero el gobierno de José María Aznar no dudó y, en un sentimiento que pronto se apoderó de toda España -aun, de modo sorprendente, de la oposición socialista-señaló a ETA como culpable de la matanza de Madrid. ¿Qué justificaba una convicción tan fuerte y temprana?
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Hay muchos elementos que permitían pensar en ETA (Patria Vasca y Libertad). En principio, ésa es la marca tradicional del terror en España. La inminencia de la elección del domingo que, se esperaba hasta ayer, volvería a dejar en el poder al Partido Popular, podía haber sido un aliciente para los asesinos escudados en la bandera del nacionalismo vasco. Sobre todo porque hace tiempo que el grupo no actuaba y las últimas noticias hablaban sólo de arrestos, decomisos de explosivos y atentados frustrados, dando una imagen clara de que la banda se encontraba acorralada y, acaso, en vías de extinción.
Además, el 24 de diciembre se encontró una mochila bomba -como las mencionadas ayer-en un tren que llegaba a Madrid desde el País Vasco, para que estallara en la estación de Chamartín. Por otro lado, el 28 de febrero se detuvo a un grupo de terroristas que planeaban atentar en la capital con media tonelada de explosivos.
Más allá de la unanimidad del gobierno español, la propia oposición y los medios de prensa en culpar a ETA, en el exterior había lugar para la duda. En lo político, no parecía que el grupo hubiera elegido un buen momento. El atentado, sin dudas, dispararía un aumento de la represión contra lo que queda de su estructura y, ya en el plano electoral, podría fortalecer el domingo las posibilidades del PP, el partido español más duro contra el separatismo, acercándolo acaso a la mayoría absoluta.
• Apuesta demencial
Se podía alegar en este sentido que los etarras, en su disolución, han entrado en una etapa que la Argentina conoció en el ocaso de Montoneros, que en su momento apostó demencialmente por el golpe de Estado con el argumento de que eso serviría a sus propósitos al dividir a la sociedad en dos bandos, uno encabezado por la «vanguardia armada» y el otro por las fuerzas de la «reacción». Además, como también ocurrió con Montoneros, a medida que avanzaba su desmantelamiento, en el comando de ETA fueron ganando protagonismo cuadros cada vez más jóvenes, más temerarios y con menor sentido político, propensos a la violencia más extrema e irracional y a los golpes espectaculares.
Pero ¿qué decir de la poco usual desmentida de Batasuna, el proscripto brazo político de ETA, o de la falta de las tradicionales llamadas anónimas para advertir del ataque en curso y así evitar costos humanos masivos? Un dato: desde su irrupción en 1968, el terror etarra provocó algo más de 800 muertos. Ayer se alcanzó 25% de ese número, en un solo día.
Más allá de polémicas que el tiempo terminará dirimiendo, el de ayer fue sin dudas un golpe «a lo Bin Laden». La coordinación de un ataque que involucró trece explosivos (diez que efectivamente detonaron) en cuatro trenes y en tres estaciones ferroviarias parece difícil para un grupo en retirada como ETA. Además, el día del calendario (11) y que el golpe se haya dado en medios de transporte recordaron los hechos de setiembre de 2001 en EE.UU. ¿Un mensaje en código?
Así, mientras en España se hablaba de ETA, Juergen Storbek, jefe de Europol (la agencia oficial de la Unión Europea), decía que «pudo haber sido ETA, pero estamos lidiando con algo que no se corresponde con su modus operandi... No está claro quiénes son los autores». Desde Washington, fuentes de inteligencia se declaraban partidarias de esperar antes de hacer juicios definitivos y también aludían a que el ataque tiene alguna de las huellas típicas de Al-Qaeda. Otros especialistas internacionales recordaban los recientes esfuerzos de Osama bin Laden por hacerse de un «ejército» europeo para cumplir sus amenazas, sobre todo contra España y Gran Bretaña.
Si finalmente, y contra lo afirmado en un primer momento, se descubre que el terrorismo islámico sacudió a España, el PP podría recibir un golpe durísimo, aun el mismo domingo si es que la gente tiene tiempo para reaccionar al shock. Por su política exterior pro estadounidense y por su apresuramiento en culpar al terrorismo vasco, que adquiriría un tufillo electoral insoportable en medio de una tragedia semejante.
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