Con un tono más conciliador que otros días, Carles Puigdemont, presidente de Cataluña, llamó a "una mediación", "un diálogo" con el gobierno de España para resolver la crisis desatada tras el referendo independentista realizado el domingo último. Sin embargo, desde Madrid no habrá diálogo hasta que Cataluña vuelva a la legalidad.
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En un mensaje oficial, el líder catalán criticó al rey Felipe VI por haber ignorado "a todos los catalanes que han sido víctimas de la violencia" desatada el día de la votación al indicar que con su mensaje "decepcionó a mucha gente".
En un breve discurso transmitido por la televisión catalana, el propio Puigdemont anunció que "seguiremos con nuestro compromiso" pero exigió el llamado a una mediación que "contenga nuestra posición". En ese sentido, el presidente catalán indicó que "por estas horas recibimos muchas propuestas".
El gobierno español rechazó este miércoles el llamamiento del presidente independentista catalán Carles Puigdemont a la mediación mientras continúe amenazando con declarar la independencia.
"Si el señor Puigdemont quiere hablar o negociar, o quiere enviar mediadores, sabe perfectamente lo que debe hacer antes: volver a la senda de la Ley, que nunca debió abandonar", dijo un comunicado del gobierno.
El presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, había rechazado anteriormente la propuesta de Podemos para abrir una mediación que frene la escalada política en Cataluña. El líder del PP conversó teléfono con el líder del izquierdista Podemos, Pablo Iglesias, y le agradeció sus esfuerzos para intentar mediar en la crisis política con Cataluña, pero le ha dejado claro que lo que espera ahora de Puigdemont es que "renuncie" a sus aspiraciones independentistas, algo que el dirigente catalán ya dijo en el paso que es "innegociable".
Fuentes del gobierno español le dijeron a los diario El País y El Mundo que, además de rechazar una mediación inmediata, Rajoy le contestó a Iglesias que no está dispuesto a negociar con dirigentes que plantean "un chantaje tan brutal" al Estado, una expresión que hizo acordar al discurso extremadamente duro que dio ayer el rey Felipe VI ante la nación.
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