Montevideo - El abrazo que el domingo a la noche se dieron en la sala de prensa del Hotel Presidente Tabaré Vázquez y Jorge Larrañaga significó -más allá del reconocimiento del triunfo de un adversario- el inicio de una política de acuerdos que el mandatario electo intentará llevar a cabo con los sectores renovadores de los partidos tradicionales. Esto excluye a los sectores de los ex presidentes, a quienes los pondrá en el banquillo de opositores.
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Sanguinetti y Batlle lograron acceder al Senado, mientras que Lacalle no se postuló tras su derrota en la interna de junio último por la candidatura presidencial.
Así, se tenderán puentes de plata para los blancos de Larrañaga o los colorados que se alejaron de Batlle y de Sanguinetti, como el ex ministro de Economía Alejandro Atchugarry o el propio candidato del Partido Colorado, Guillermo Stirling.
La coalición de centroizquierda de Vázquez tendrá mayoría en ambas cámaras. Sin embargo, un acuerdo con los blancos del sector de Larrañaga (Alianza Nacional) le permitiría llegar a los dos tercios tanto en el Senado como en Representantes (diputados) y, con ello, asegurar decisiones vitales para el próximo gobierno. Los dos candidatos coincidieron durante la campaña en varias propuestas de corte nacionalista que provocaron estupor en los grupos liberales de la política y la economía, como el apoyo al plebiscito por la reestatización de los servicios del agua, algo que ahora, a la luz del resultado electoral (la medida se aprobó con 50,16% de los votos), tanto Vázquez como su futuro ministro de Economía, Danilo Astori, quieren desdramatizar. Asesores de este último se reunirán en las próximas horas con los catalanes de Uragua, que explota los servicios en Maldonado-Punta del Este y amenazó con marcharse si triunfaba el «sí» en ese polémico referéndum.
Más allá del Congreso, la otra punta del acuerdo que comenzó anudarse ya antes de los comicios del domingo es la apertura de vacantes en el Poder Ejecutivo o en las empresas del Estado. Si bien Vázquez sugirió que sus principales espadas saldrán de su tronco ideológico -como los socialistas Reynaldo Gargano para la Cancillería y Azucena Berrutti para Defensa- o de los sectores moderados que lo acompañan -Astori, el alcalde de Montevideo Mariano Arana, Gonzalo Fernández en la Secretaría General-, con la excepción del senador ex tupamaro José Mujica, que tiene fuerza propia, en las líneas medias de los ministerios habrá vacantes para la «integración multipartidaria» que se propone y en donde tienen un lugar reservado los hombres que responden al ex candidato de los blancos. En ese contexto de «coincidencias programáticas», figura un achicamiento del esquema ministerial y un aumento de las secretarías.
Por ejemplo, se habla de una superárea de la Producción a cargo de Mujica y de la que dependerían las secretarías de Turismo, Industria y Agricultura, los tres sectores que proveen de divisas al Tesoro uruguayo.
En esos pliegues habrá lugar para los blancos, pero también para los militantes del MPP (Movimiento de Participación Popular), entre ellos, muchos ex tupamaros que se alinean detrás de Mujica. El MPP se convirtió a nivel individual en la principal corriente política y legislativa del nuevo gobierno y por ello piensa pedir reservas en lugares estratégicos de Defensa e Interior, a cuyo frente el nuevo presidente designaría a José Díaz, otro socialista de su estrecha confianza.
En Uruguay, Interior maneja a la policía nacional -no hay provinciales o municipales como en la Argentina- y a los organismos de inteligencia civiles.
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