San Pablo (ANSA, AFP) - El cumpleaños número 22 encontró ayer al Partido de los Trabajadores (PT) con una nueva identidad ideológica: la principal fuerza de oposición de Brasil «ya no es de izquierda, sino de centroizquierda, y está dispuesta a sellar varias alianzas para ganar las elecciones de octubre».
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Así lo expresó el titular del comité nacional del PT, José Dirceu, al explicar las últimas movidas del líder partidario, Luiz Inácio Lula Da Silva, en busca de empresarios y líderes religiosos conservadores. Lula encabeza las encuestas de intención de voto con entre 26% y 30% delante de Roseana Sarney, quien suspendió sus actividades proselitistas en Rio de Janeiro a causa de malestares físicos similares a los que ocasiona el dengue, enfermedad que ha desatado una epidemia en Rio de Janeiro.
Pero, como esa porción del electorado no es suficiente para asegurar su triunfo en la cuarta elección consecutiva a la que se presenta, Lula ensayó en los últimos días una serie de alianzas con sectores que históricamente le han dado la espalda. En primer lugar, ofreció la candidatura de vicepresidente a José Alencar, un exitoso empresario que se hizo de la nada y hoy comanda el mayor holding textil brasileño, con un patrimonio estimado en 450 millones de dólares. De acuerdo con los dirigentes del PT, la compañía de Alencar le permitiría a Lula alejar cualquier tipo de temores en el empresariado, un sector que en las elecciones de 1989 prometió una fuga en masa si el ex sindicalista metalúrgico le ganaba a Fernando Collor de Mello. Pero la jugada más arriesgada, que está provocando el rechazo de algunos sectores del PT, es el intento de Lula de sumar a los pastores evangélicos, un grupo muy influyente que hace ocho años lo consideraba la «encarnación del diablo». El martes, Lula cenó en Brasilia con los diputados del Partido Liberal, de centroderecha, el principal reducto político de los evangelistas.
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