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En sus ocho años en el poder, Cardoso controló la inflación, privatizó gigantescas empresas estatales, reformó parte de la asistencia social y promulgó la Ley de Responsabilidad Fiscal, que puso «en caja» al Estado y controló el déficit público. Licitó 36 empresas estatales, por las que recaudó 21.800 millones de dólares, que sirvieron apenas para pagar la abultada deuda pública que acumuló durante su gobierno, con las tasas más altas del mundo.
Consiguió evitar la recesión, pero no logró que Brasil creciera. La tasa de crecimiento económico de su primer mandato fue de 2,6% y la de segundo mandato de 2,2%, por debajo del aumento de la población.
Fueron 63.000 millones de dólares los que el Fondo Monetario Internacional (FMI) puso a disposición de Brasil en tres rescates financieros durante el gobierno de Cardoso, a cambio de una política fiscal estricta y tasas de interés estratosféricas.
En tanto, en lo económico, el gobierno de Cardoso será recordado como la era de la estabilidad, cuando la inflación cayó de 47% mensual a cifras de un dígito anual.
Cardoso controló la inflación, que rondaba esa cifra mensual, con un medicamento arriesgado: el cambio fijo. Mantuvo el real sobrevaluado y suspendió barreras comerciales, y así la avalancha de importaciones frenó el alza de los precios. Cuando los «efectos colaterales» de la medicina antiinflacionaria comenzaron a agravarse, liberó el cambio a comienzos de 1999, lo que provocó un sacudón, pero nada serio comparado a la debacle argentina de este año.
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