Quién es quién en la elite china
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Ser hijo del hombre que ordenó la masacre de estudiantes en Tiananmen en 1989, y del que probablemente es el más odiado líder comunista de los últimos 60 años, no ha impedido a Li Xiaopeng crear un imperio que avanza imparable gracias a concesiones gubernamentales. Su empresa, Huaneng Internacional, tiene entre sus logros haber obtenido la primera licencia para construir una presa en mitad de un parque nacional. El proyecto, en el lago tibetano de Mugecuo, sólo fue cancelado el año pasado después de que varias ONG lo convirtieran en un escándalo internacional.
El pequeño traspié en el Tíbet no ha frenado a Li, que construye en el río Mekong algunas de las presas que han sido denunciadas por el desplazamiento de cientos de miles de personas y que han provocado incidentes diplomáticos con otros países atravesados por el río asiático. «Con ese apellido no hay gobierno provincial que se atreva a negarle una autorización», asegura un activista que se ha opuesto a algunos de los proyectos de Li y que se ve obligado a mantener el anonimato. Los excesos de los hijos del capitalismo rojo creado por Deng Xiaoping se han convertido en un problema de imagen para el Partido Comunista en un momento en el que las desigualdades sociales y la corrupción amenazan su legitimidad ante el pueblo.
Los nuevos aristócratas chinos han recuperado las viejas tradiciones de los señores de las dinastías, cuando el prestigio social se reafirmaba manteniendo al mayor número de concubinas. Pang Jiayu, ex funcionario del Partido en la provincia de Shaanxi, fue expulsado este año después de que se descubriera que tenía 11 amantes, un pequeño harén particular que pagaba con dinero procedente de comisiones ilegales. Un estudio interno asegura que 90% de los funcionarios detenidos por corrupción en el último lustro tenía al menos una concubina, y en Pekín circula ya la siguiente broma: las queridas de los políticos no son más que su forma de saltarse la ley de natalidad que limita la descendencia a un retoño por familia.
Sin instituciones, prensa o sistema judicial independientes, la corrupción dentro del partido queda a menudo en manos del desenlace de luchas políticas internas. Dentro del régimen está tan extendida que ser descubierto no suele estar relacionado con el delito o la efectividad policial, sino con alguna purga organizada por una facción rival.



