22 de abril 2005 - 00:00

Recuerdos en restorán del cardenal Ratzinger

Ciudad del Vaticano (enviado especial) --Fumata blanca, famas repentinas y los euros que vienen. Durante 20 años, varias noches por semana, cerca de las ocho, Joseph Ratzinger se trasladaba hasta la Cantina Tirolesa, sobre la Via Vitelleschi, a escasas cuatro cuadras del departamento que habitaba en Piazza della Città Leonina.

El ahora Papa Benedicto XVI encontraba en este restorán, gastronómicamente emparentado con su Baviera natal, el refugio ideal tras arduas horas de debate intelectual al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe. No bien abre el local, en pleno barrio Borgo Pio, a la izquierda de la Plaza San Pedro, Manuela Macher, una de las dueñas de la cantina, recibe a Ambito Financiero. «Estamos muy honrados, siempre fue una persona muy gentil, muy discreta», dice esta austríaca nacida en Graz.

Macher parece algo confundida, aunque evidentemente feliz. Cuenta que Ratzinger llegaba sólo o acompañado por tres o cuatro personas. Descendía la escalera de unos treinta peldaños y ocupaba una mesa cuadrada con lugar para seis comensales.

Se ha hablado de la austeridad de Ratzinger, lo que de alguna manera se corrobora en esta cantina con lugar para 80 personas. A trescientos metros de la Plaza San Pedro, un café a un euro parece poco creíble, pero es real en el restorán del Papa. Hay menús especiales para el mediodía, y el precio de los platos no es exagerado. Ratzinger acompañaba su cena con cerveza bávara o con naranjada. La dueña del local no quiere pensar todavía en que su local se acaba de transformar en un sitio de culto para los turistas. Cuando la visita de este diario está por finalizar, ya son seis los medios que hacen fila en la planta baja. Para terminar, Macher dice que está tan honrada que va a enviar al Vaticano una carne ahumada típicamente bávara «si tienen la gentileza de aceptarlo».

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