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En su carta, presentada el pasado 22 de octubre, Viegas reconoce que su renuncia fue motivada por un pronunciamiento del Ejército que no le fue consultado, tras la publicación de unas fotografías atribuidas inicialmente a un detenido muerto por tortura durante la dictadura militar (1964-1985).
"No puedo ignorar que aquella nota fue publicada sin consulta a la autoridad política del gobierno. Asumo mi responsabilidad", dijo Viegas en su carta.
El contenido de la misiva fue conocido luego de que este jueves el presidente Luiz Inacio Lula da Silva aceptó su dimisión y nombró en el cargo al vicepresidente Alencar, quien desempeñará simultáneamente ambas funciones.
"Fue con sorpresa y consternación que vi publicada, el domingo 17 de octubre, la nota escrita en nombre del Ejército brasileño, que usando un lenguaje totalmente inadecuado, buscaba justificar lamentables episodios del pasado", dijo Viegas en su carta de renuncia.
El pronunciamiento "daba la impresión de que el Ejército, y lo que es más importante, los que hicieron la nota y autorizaron su publicación, vive aún el clima de los años setenta que todos queremos superar", continuó.
La nota, agregó Viegas en su carta, "representa la persistencia de un pensamiento autoritario, ligado a los remanentes de la vieja y anacrónica doctrina de seguridad nacional, incompatible con la vigencia plena de la democracia y con el desarrollo de Brasil en el siglo XXI".
"Ya es hora que los representantes de ese pensamiento ultrapasado salgan de escena", instó Viegas, diplomático de carrera.
El pasado 17 de octubre, el diario Correio Braziliense publicó tres fotografías atribuidas al periodista Vladimir Herzog, desnudo en su celda, pocas horas antes su muerte en 1975.
Posteriormente se comprobó que las fotografías eran de un sacerdote canadiense detenido en esa época.
Pero ese asunto ya se había convertido en secundario ante la intempestiva reacción del Ejército, que justificó el golpe de Estado de 1964 por la necesidad de luchar contra "la subversión" y el "comunismo internacional".
Ese pronunciamiento irritó a Lula, un ex líder sindical que luchó contra la dictadura, y que cuenta entre sus ministros y aliados personalidades que enfrentaron la dictadura, algunos con armas en la mano, y sufrieron persecución y tortura.
Ante el malestar creado, el jefe del Ejército, general Roberto de Albuquerque, indicó el martes 19 de octubre en otro comunicado que la justificación del golpe fue "inadecuada", y "lamentó" la muerte de Herzog.
El episodio de las fotos, además de reavivar el fantasma de la dictadura, generó una polémica nacional sobre la necesidad de abrir los archivos de ese periodo de la historia brasileña.
Lula se declaró dispuesto a abrirlos, pero prudentemente.
"Vamos a enfrentar esta cuestión con todo cuidado y responsabilidad. He dicho que no voy a jugar con la economía (del país); de la misma forma digo que es necesario tener responsabilidad con la democracia, que tanto nos costó a todos", dijo Lula para tratar de zanjar la polémica.
Desde diciembre de 2002, los registros de la última dictadura brasileña, clasificados como secretos y ultrasecretos, permanecen lacrados por un plazo de 50 años, en virtud de un decreto firmado por el socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso, poco antes de dejar la presidencia.
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