Ciudad del Vaticano (enviado especial) - Sintieron el llamado de Dios y se hicieron monjas, no pudiendo optar por ser sacerdotes. Ayer a la mañana, muchas de ellas salían de la misa Pro Eligendo Pontifice Romano que se celebró en San Pedro. Ninguna de ellas, ni ninguna otra mujer, participa del cónclave que comenzaría pocas horas más tarde. El terreno ganado por la mujer en muchos ámbitos de la sociedad se transforma en una pregunta inevitable con la que deberá lidiar el próximo papa.
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«Son ridiculeces, el rol de la mujer es otro porque Cristo quiso que fuera así», dice en plena plaza vaticana María de Jesús Doliente, una jovencita mendocina que vive en Roma en el convento de la Congregación del Verbo Encarnado, que se originara en la Argentina. «El rol de la mujer es el que tuvo la Virgen, que era más santa que todos los apóstoles y, sin embargo, Dios no la hizo sacerdote», enfatiza. La hermana agrega que «nuestro papel es el servicio y no el sacerdocio. Dios se encarnó en un hombre y no en una mujer, y lo conveniente es guiar como Cristo».
La hermana mexicana Berta Anaya, de las misioneras clarisas del Santísimo Sacramento, coincide plenamente con María del Jesús. «Dios ha creado al hombre y a la mujer con características que se complementan. Hay que respetar a cada uno».
El argumento de Anaya se extiende a otros aspectos controvertidos, como el uso de preservativos en las relaciones sexuales. «La postura siempre ha sido defender la vida y no el placer por el placer. No se pueden aceptar determinadas cosas que irían en el detrimento de la moral y de la sociedad», añadió. Preguntada sobre las consecuencias del no uso de preservativos en la prevención del sida en Africa, la hermana mexicana sostiene que «la vida y la sexualidad deben ser vividas de un determinado modo. Si las cosas se respetan se puede vivir en orden, en paz».
A pocos metros se encuentra la estudiante vasca Lidia Santamaría, oriunda de Bilbao y que vive en Madrid. Ella, que se reconoce más turista que católica, cree que «la mujer debe tener el mismo derecho que el hombre dentro de la Iglesia, y ello permitiría tener una visión más rica».
Su amiga Olatz Santamariña no tarda un segundo en exponer su parecer: «La Iglesia Católica me parece muy machista y muy jerarquizada, y el papel de la mujer es muy sumiso». Sobre lo expuesto por las hermanas mexicana y argentina, la joven vasca sostiene que «para nada es un argumento válido. La Biblia está expuesta a un montón de interpretaciones».
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