23 de octubre 2003 - 00:00

Seguridad, mejor trabajo en Bagdad

Bagdad - Antes, en el reinodel mal instaurado por Saddam Hussein en Irak, no había lugar para la inseguridad ciudadana. Pocos eran los que osaban quebrantar alguna ley en un país donde existía incluso el delito de pensamiento y donde terminar en una sórdida cárcel o en una fosa común era algo casi habitual. Ahora, la libertad impuesta por el ejército de EE.UU. el 9 de abril, cuando derrocaron al régimen de Saddam, ha dado paso al libertinaje.

Ladrones, asesinos y violadores convictos quedaron libres durante el conflicto --se calcula que unos 100.000 presos salieron de las cárceles y pululan por el país-y ahora pocos son los que se atreven a quebrantar el toque de queda o a enviar solos a sus hijos al colegio. A ello se suma la escasa respetabilidad de la policía iraquí, pero el mayor temor de los bagdadíes es, en el fondo, algo muy universal: que les saqueen sus domicilios.

• Poco respeto

Un nuevo oficio ha nacido en Bagdad: el de vigilante o guarda, un hombre de cualquier clase o condición que, por un puñado de dinares, armado con una pistola o con un fusil de asalto Kalashnikov, vigila durante las 24 horas las viviendas de las familias adineradas y de los pocos extranjeros que aún permanecen en el país. Se trata de una medida poco disuasoria, casi simbólica, ya que los vigilantes en cuestión imponen poco respeto. En ocasiones, duermen en precarias casetas exteriores o incluso en las puertas de los domicilios, sobre una manta. No es el caso de Samir Numan, guarda de seguridad del palacete de la familia Al Juadiri -una conocida dinastía de terratenientes iraquíesen el acomodado barrio de Al Mesbah.

El muchacho, que no aparenta más de 18 años, aunque afirme tener 22, resume el espíritu de su nuevo oficio en una frase. «Es la nueva moda de los ricos: tener guardaespaldas», dice. «Antes fue la moda de los choferes, yo también pasé por ella.» El joven, malnutrido y vestido de civil, podría pasar por el portero o el jardinero de la finca. «Como no hay trabajo, lo más fácil es contratarse como vigilante», resume encogiéndose de hombros.

• Sueldo bajo

Pero el joven no reconoce tener miedo a los saqueadores que, tras la caída del régimen, atacan las viviendas bagdadíes. «Dentro de la casa, todo el personal está dispuesto a defender a nuestros patrones. Hace un mes, dos individuos intentaron robarnos. A mí me tomaron por sorpresa, sin mis armas a mano. Uno de ellos me encañonó, pero en ese momento mi compañero apareció y comenzó a disparar.»

El sueldo es escaso (50 dólares por mes), aunque nada comparado con las limosnas que daba Saddam Hussein a millones de funcionarios de todo el país que tenían que multiemplearse para alimentar a sus familias.

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