La lucha contra el sida, un precedente valioso

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Ginebra - El debate sobre la exención de patentes medicinales, en este caso contra el nuevo coronavirus, que desde diciembre de 2019 contagió a más de 155 millones de personas y mató a 3,2 millones en todo el mundo, no es nuevo y tiene los mismos impulsores y su más importante antecedente en la lucha del fármaco contra el virus del sida.

Un poco más de dos décadas atrás, a finales de los años 90 del siglo pasado, los antirretrovirales –medicamentos específicos para el tratamiento de infecciones como la causada por el VIH– revolucionaron los tratamientos. No obstante, el elevado precio de terapias basadas en dos o tres fármacos era inalcanzable para la inmensa mayoría de los seropositivos.

En 2001, la “Declaración de Doha” reconoció el derecho de los gobiernos a tomar todas las medidas necesarias para eliminar las patentes y otras barreras de propiedad intelectual para priorizar la salud pública frente a los intereses comerciales. Sin embargo, fue recién en 2003, con un acuerdo temporal confirmado a fines de 2005, que se consiguió introducir la exención al derecho de propiedad intelectual en la pelea contra el sida.

Ese convenio permitió también a países de menos recursos y afectados por otras graves enfermedades infecciosas, como el paludismo y la tuberculosis, pudieran importar medicamentos genéricos en el caso de que no los pudieran producir ellos mismos.

Hasta diciembre de 2020, 26 millones de personas fueron beneficiarias del fomento de la producción de medicamentos genéricos en lugares donde las patentes no estaban vigentes o impugnándolas en los tribunales, recordó la organización Médicos Sin Frontera.

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