El partido de Lula no está del todo convencido de las nuevas alianzas que tejió su jefe con políticos liberales y los líderes de sectas religiosas (de hecho, Alencar es miembro de la iglesia evangélica Asamblea de Dios), para captar un electorado que lo ayude a consolidar sus chances electorales en momentos en que se redujo al mínimo la distancia en las encuestas que le llevaba a Sarney, la candidata del PFL.
Algunas de las diferencias entre las visiones que representan Alencar, un exitoso empresario de Minas Gerais de 71 años, y Da Silva, ex sindicalista, son conocidas. Mientras el primero califica al Movimiento de los Sin Tierra como un grupo de «invasión», aunque reivindica una reforma agraria, el PT siempre se refirió al movimiento como de «ocupación».
Preguntado sobre la posibilidad de continuar al frente del Central, Fraga contestó: «Procuro quedar fuera de ese tipo de discusión», aunque en ocasiones anteriores afirmó que aceptaría continuar por más tiempo. Otras contradicciones atañen a aspectos referidos a los derechos civiles. El senador liberal se opone a la unión civil de personas del mismo sexo que reivindica el PT, y consideró la «homosexualidad una forma de violencia a la naturaleza humana».
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