9 de abril 2003 - 00:00

Sindicatos lanzaron paros contra la política de Lula

Lula Da Silva asumió en Brasil como el «primer presidente socialista de América». Fue el ídolo de las izquierdas latinoamericanas. Pero es inteligente y adoptó una política económica ortodoxa, de libre empresa, de ajuste del gasto público y de lograr superávit presupuestario para pagar los intereses de la deuda externa y recibir ayuda del FMI. Ayer le costó sus dos primeras huelgas: de empleados públicos nacionales y de transportes en San Pablo. Desilusiona a las izquierdas, como la criolla. Lula -como aquí Kirchner y Elisa Carrió- también designó para ganar un candidato a vicepresidente libreempresista y racional para la economía. Si llegaran a ganar, ¿harían como Lula un acto de inteligencia para recuperar el país? Se duda. La Alianza Frepaso-radicales con De la Rúa -disculpando las distancias con Lula- avanzó como liberal y fue bombardeada desde adentro por la izquierda más obcecada y resentida que racional en nuestro país. Aprovechó el quiebre otro mal, el populismo, para asentarle un golpe a la democracia. Ganar «por izquierda» no estaría mal si se sabe gobernar olvidándose de ella.

San Pablo (EFE, AFP) - Luiz Inácio Lula Da Silva, que mañana cumplirá cien días en la presidencia de Brasil, se enfrentó ayer a la primera huelga de empleados públicos de su gestión, así como al segundo día de un paro que tiene a 3,5 millones de personas sin transporte en San Pablo, el principal bastión electoral de su Partido de los Trabajadores.

Los trabajadores de los organismos públicos federales de sectores como salud, educación y justicia -viejos aliados del PT- cumplieron ayer una huelga de 24 horas para protestar contra el proyecto oficial de reforma previsional, que reduce una serie de privilegios del sector. Pero, según observadores, en el fondo del rechazo gremial está la política promercado del gobierno brasileño, que dio lugar a notables éxitos en materia económica y financiera pero que amenaza con desactivar prebendas sectoriales.

«Más que una huelga, es nuestro primer acto para manifestar rechazo a la actual política de un gobierno que respaldábamos»
, dijo el vice-presidente del sindicato de los profesores de universidades públicas de Brasil, José Domingues.

El dirigente sindical reconoció que los empleados públicos también reivindican un aumento salarial de 46,95% y que se declararán en huelga permanente en caso de que el gobierno tan sólo autorice el reajuste de 1% del que ha hablado el ministro de Hacienda, Antonio Palocci.

Según los sindicalistas, la huelga -convocada por la Coordinadora Nacional de Entidades de Servidores Públicos y que involucró a 450.000 trabajadores- paralizó las 52 universidades federales del país, así como hospitales públicos en 26 de los 27 estados de Brasil, y afectó las actividades en organismos como Aduanas y la Procuraduría.

• Sin transporte

En tanto, el segundo día de la huelga de los conductores de autobuses públicos en San Pablo dejó nuevamente a 3,5 millones de personas sin transporte y al menos 135 vehículos destruidos.

El conflicto radica en la decisión de la alcaldesa de la ciudad y vicepresidenta del PT,
Marta Suplicy, de cancelar nueve licencias en el sector, lo que según las empresas afecta a 10.000 trabajadores. Pero además es un motivo de desgaste para el partido de gobierno, que deberá revalidar su liderazgo en los comicios municipales de octubre en la mayor ciudad brasileña, que cuenta con el tercer presupuesto más importante del país (detrás del de la Unión y del estado de San Pablo).

Pese a que no aludió directamente a la huelga de los empleados públicos, Lula, en un discurso ayer ante los 270 trabajadores de la planta de Rolls Royce en San Pablo, aseguró que como líder sindical siempre privilegió el diálogo antes que el conflicto.

«Nunca me gustó declarar una huelga en clima de euforia. Siempre quise negociar antes. Siempre fui favorable al diálogo», afirmó Lula, que lideró las históricas manifestaciones de los metalúrgicos de San Pablo contra los gobiernos militares.

Lula fue severo con los conductores de autobuses en huelga, a los que acusó de estar al servicio de los intereses de patrones que mantienen un duelo político con la alcaldía.

«Compañera Marta, no ceda porque determinados empresarios del transporte necesitan aprender a respetar el poder público y los consumidores», dijo Lula, quien respaldó públicamente la candidatura de la funcionaria a la reelección.

• Prudencia

El desafío sindical a Lula se produce poco antes de que cumpla -el jueves- sus primeros cien días de gobierno. En ese lapso, los analistas han destacado su manejo prudente de la economía, que ha conseguido devolver la confianza a los mercados y mejorar los principales indicadores, como el tipo de cambio, la inflación y la tasa de riesgopaís.

«El mundo volvió a creer en Brasil. ¿Fue un remedio amargo? Yo sé que lo fue. Pero, para cambiar el país, de verdad, muchas veces el remedio amargo es la única alternativa. Ahora tenemos que seguir adelante, sin optimismo exagerado, con la seguridad de que vendrán días mejores», dijo el lunes por la noche en un discurso por cadena nacional de radio y TV.

«Todos saben que cuando asumí el poder la economía brasileña vivía un momento dramático. El dólar a casi cuatro reales, el riesgo-Brasil disparado, la inflación creciente y el crédito internacional a las empresas brasileñas prácticamente en cero», enumeró el mandatario.

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