18 de agosto 2021 - 00:01

Ante la desconfianza mundial, los talibanes prometen amnistía y respetar derechos de mujeres

Los dichos de sus voceros fueron juzgados como ambiguos e insuficientes por la ONU. Persiste el recuerdo del régimen brutal que impusieron entre 1996 y la invasión estadounidense de 2001.

DE REGRESO. El número dos de los talibanes, mulá Abdul Ghani, volvió ayer a Afganistán desde Catar. La milicia ultraislamista consolida su control del país.

DE REGRESO. El número dos de los talibanes, mulá Abdul Ghani, volvió ayer a Afganistán desde Catar. La milicia ultraislamista consolida su control del país.

Kabul - En un intento de enviar una señal de moderación a una comunidad internacional recelosa y que, en el caso de la OTAN, ya advirtió que el recurso a los ataques militares no está descartado en el futuro, los talibanes triunfantes en Afganistán anunciaron ayer una amnistía general y prometieron respetar los derechos de las mujeres, aunque dentro del marco de las reglas islámicas.

Tras conquistar casi todo el país en una ofensiva relámpago, los talibanes han buscado mostrarse más moderados que cuando impusieron un régimen brutal, entre 1996 y 2001, pero muchos afganos desconfían, algo que se ha dejado ver en las imágenes de multitudes desesperadas que intentan abandonar el país por diversos medios y a través de varios pasos fronterizos.

Las personas de mayor edad recuerdan la visión islámica extremista de los “estudiantes” de religión (tal el significado de la palabra “talib”, cuyo plural es “talibán”), que impusieron restricciones draconianas y castigos a las mujeres, como lapidaciones, amputaciones y ejecuciones, hasta ser derrocados por una invasión liderada por Estados Unidos. Tras su toma de Kabul, los talibanes patrullan desde el domingo sus calles, y muchos afganos permanecen en sus casas luego de que los rebeldes liberaran a miles de presos (ver pág. 17).

Las promesas de la amnistía y la exhortación a las mujeres, hechas por el vocero de los talibanes y por un miembro de su Comisión de Cultura, fueron los primeros comentarios oficiales de los planes de los islamistas sunitas para gobernar.

En su primera conferencia de prensa desde que retomaron el poder, el vocero Zabihulá Mujahid indicó que “la guerra terminó. Nuestro líder perdonó a todo el mundo. Todos los del bando contrario están perdonados, de la A a la Z, y no buscamos venganza”.

“El Emirato Islámico de Afganistán, con absoluta dignidad y honestidad, ha anunciado una completa amnistía para todo Afganistán, especialmente para quienes estuvieron con la oposición o apoyaron a los ocupantes durante años o recientemente”, había anticipado, poco antes, por otro dirigente talibán, Enamulá Samangani, titular de la Comisión de Cultura del movimiento.

Por otro lado, el portavoz Mujahid prometió que el movimiento respetará los derechos de las mujeres, aunque dentro de las normas de la ley islámica, la sharía, algo que, dijo, asegurará “su felicidad”.

En ese sentido, Suhail Shaheen, portavoz del buró político del grupo en Catar, indicó que el uso del burka (velo integral) no será obligatorio para las mujeres ya que “existen diferentes tipos” de velo. Asimismo, dijo que incluso la universidad estará abierta para ellas.

Mujahid agregó asimismo que los talibanes garantizarán la seguridad de las misiones diplomáticas y organizaciones extranjeras en Afganistán. También dijo que aceptará la prensa “independiente”, pero siempre que “no trabaje contra los valores nacionales”.

Mujahid señaló que Afganistán no dará refugio a nadie que atente contra otras naciones, 20 años después de que Estados Unidos derrocara a los talibanes por haberse negado a entregar al líder de la red yihadista Al Qaeda, Osama bin Laden, entonces su protegido y responsable de los atentados terroristas del 11-S.

Preguntado sobre las diferencias entre el movimiento que fue expulsado del poder hace 20 años y los actuales talibanes, el vocero aseguró que “no hay diferencia” en base a la “ideología y a las creencias”. Pero “sin duda hay muchas diferencias” en base “a la experiencia, a la madurez y al conocimiento”, aseguró.

“Los pasos de hoy serán positivamente diferentes respecto a los del pasado”, aseveró.

Fuentes diplomáticas occidentales consideraron demasiado vagas las promesas de moderación y tolerancia para las mujeres. En ese sentido, la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, en tanto, se mostró cauta. “Tales promesas deben ser honradas, y, por ahora, de manera comprensible, dada la historia, estas declaraciones han sido recibidas con escepticismo”, dijo su vocero, Rupert Colville, en un comunicado.

En tanto, el jefe de fiscales de la Corte Penal Internacional (CPI), Karim Khan, dijo que sigue de cerca la situación en Afganistán y se declaró preocupado por noticias sobre hechos de violencia e incidentes que “pueden equivaler violaciones de la ley humanitaria internacional”.

En tanto, en un hecho impensado años atrás, una periodista de la cadena de noticias privada afgana Tolo entrevistó ayer en un estudio de TV a un líder talibán.

Algunas mujeres se manifestaron brevemente en la capital llevando el velo islámico, con pancartas que exigían a los talibanes “no eliminar a las mujeres” de la vida pública.

El aeropuerto internacional de Kabul, la única salida del país para muchos, reabrió ayer para los vuelos militares de evacuación bajo vigilancia de tropas de Estados Unidos.

Los talibanes iniciaron su ofensiva en mayo, luego de que Joe Biden anunciara la salida de las tropas estadounidenses para fines de este mes.

Tras tomar casi todo el país en los últimos diez días, entraron en Kabul el domingo pasado y provocaron la huida del presidente Ashraf Ghani.

El cofundador y número dos de los talibanes, el mulá Abdul Ghani, regresó ayer al país desde Catar.

Sin embargo, el primer vicepresidente del gobierno depuesto, Amrulá Saleh, se declaró ayer jefe de Estado interino tras la huida de Ghani y llamó a la población a “resistir” a los talibanes, en una serie de mensajes por Twitter.

Enemigo de los talibanes desde hace largos años, Saleh se retiró a la última región que aún no está en sus manos, el valle de Panshir, en el centro-norte de Afganistán, de la cual es oriundo.

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