Miles de alumnos se movilizaron en todo el país en protesta contra la reforma de educación que trata el Senado.
Miles de estudiantes italianos marchan en todo el país en protesta contra la reforma universitaria que trata el Senado y aumenta la tensión con las fuerzas de seguridad. Además, una delegación presentó por la tarde una carta al presidente de la República, Giorgio Napolitano, para pedirle que "no firme la ley en el caso de ser aprobada".
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Las protestas, en Roma y otras numerosas ciudades, entre ellas Milán, Nápoles, Palermo y Turín, tuvieron como protagonistas a estudiantes universitarios y secundarios.
La reforma universitaria contra la cual se realizan las manifestaciones prevé la fusión de los establecimientos más pequeños, el ingreso en los consejos de administración de expertos externos al mundo académico y la reducción del mandato de los rectores.
"Si usted firma la ley Gelmini, establecerá la anulación del derecho a estudiar, uno de los derechos fundamentales de la Constitución, que es el pacto fundador de nuestra sociedad, que garantiza equidad y democracia", escribieron los estudiantes en la carta para el presidente Napolitano, quien se dijo dispuesto a recibir a una delegación limitada de ellos.
En Palermo, la capital de Sicilia, donde hubo choques entre las fuerzas de seguridad y los estudiantes, algunos de estos resultaron heridos por los bastonazos de la policía, según dijeron los jóvenes. Además, un militar de la Guardia de Finanza (policía financiera) sufrió una fractura en una mano.
En Nápoles, los manifestantes contrarios a la reforma, entre otras protestas, bloquearon la zona cercana al puerto y ocuparon la estación central de trenes, marchando por las vías. "Nos íbamos a retirar de la estación, pero de lejos vimos que se acercaba la policía y decidimos quedarnos un poco más", dijeron los jóvenes.
Con bonetes tipo Papá Noel, entonando "waka-waka" contra la ministra de Educación Mariastella Gelmini, entre otras consignas, los estudiantes de Roma partieron de la Universidad de La Sapienza y marcharon hacia la periferia de la ciudad.
En tanto, la capital italiana estaba bajo estricto y numeroso despliegue policial, que bloqueaba por completo el centro histórico, donde estableció una "zona roja" para evitar que los manifestantes llegaran a las sedes del Parlamento y del Gobierno.
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