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1 de junio 2005 - 00:00

Tony Blair, ante la chance de impulsar una Europa liberal

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La destrucción de la Constitución por los franceses abre las puertas, paradójicamente, a un nuevo intento británico de promover su modelo de una Europa firmemente anclada en la órbita de Washington, que comparta el proyecto de los «neocons» para Irak y todo el Oriente Medio, no obstaculice sus designios neocoloniales, abra las puertas a Turquía, absorba la inmigración del Este de una manera controlada, respete el cheque británico y los vetos en materia fiscal y de defensa, no sea federalista ni en exceso burocrática, cree más empleos pero peor pagados y más inseguros, y esté dispuesta a desmantelar su viejo estado de bienestar. Los ingleses también tienen sus miedos, pero son distintos a los continentales.

Pero al mismo tiempo abre un período de incertidumbre que hace por completo imposible el viejo objetivo de Blair de dejar a Gran Bretaña anclada en el corazón de Europa y con sus problemas de identidad resueltos. El referendo, fuese cual fuese su resultado, habría sido esclarecedor y puesto un signo de exclamación a la gestión de un primer ministro que no se presentará a la reelección y busca un lugar en la historia.

Salvo que obre un milagro en los seis meses de la presidencia británica de la UE, ya no será juzgado por Europa, sino por la reforma de los servicios públicos, la renovación del laborismo e Irak.

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