Tras el "Brexit", la UE se mostró dividida sobre permanencia de Escocia
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Juncker junto a la premier escocesa, Nicola Sturgeon, en Bruselas.
El presidente de Francia, Francois Hollande, dijo que Sturgeon "tiene derecho a ser escuchada" y aseguró que "la negociación se hará con el Reino Unido, sobre soluciones que podrán eventualmente concernir a Escocia".
En tanto, el presidente del gobierno español en funciones, Mariano Rajoy, fiel a su posición antisoberanía que viene demostrando en Cataluña, rechazó una negociación separada de Escocia con la UE para permanecer en el club comunitario.
"Si el Reino Unido se va, Escocia también se va", dijo.
Más temprano, la férrea escocesa había mantenido un diálogo con el presidente del Parlamento Europeo (PE), Martin Schulz, quien dijo que "escuchó atentamente" a Sturgeon y que "aprendió mucho" aunque no manifestó su posición sobre al lugar que debe ocupar Escocia en la UE.
Pero la ministra sumó puntos con los principales líderes de la Eurocámara que, según fuentes reproducidas por la agencia de noticias EFE, mostraron su "simpatía", pero también algunos fueron prudentes y subrayaron que el debate sobre su futuro debe producirse "primero a nivel interno".
El líder de los liberales (ALDE), Guy Verhofstadt, agregó que "pase lo que pase ahora con el Reino Unido tenemos que asegurar que la cooperación entre la UE y Escocia sigue siendo óptima".
El batacazo del Brexit sacudió Escocia y provocó que la ministra barajara la posibilidad de convocar un segundo plebiscito para independizarse y seguir los vínculos con Europa, una consulta que resultó negativa hace dos años, pero que hoy -en el contexto de franca retirada- se reforzó positivamente.
Más tranquila, en Bruselas, la ministra de la región, en la que un 62 % de los votantes apostó por la permanencia en la UE, manifestó que "aún es pronto" para saber cuál será el futuro de Escocia, pero dejó claro el deseo de permanecer en el bloque comunitario y de "proteger" la relación de Escocia con los demás socios.
Escocia, la más septentrional de las cuatro naciones constituyentes del Reino Unido, con un poco más de cinco millones de habitantes, tierra de Walter Scott y Robert Burns, está considerada en el derecho internacional como una entidad jurídica distinta y tiene un sistema educativo y religioso diferenciado que refuerzan una cultura escocesa.
Tras el referéndum, los ojos del mundo primero apuntaron al Reino Unido en su totalidad, pero luego buena parte del interés migró al vaivén político que vive esta nación.
Consultado por Télam, Michael Keating, profesor de Política de las universidades de Edinburgo y Aberdeen, y director del Centro de Estudios sobre el Cambio Constitucional, fue tajante: "Escocia siente a la UE como un contrapeso para el dominio de Londres. Escocia se siente resentida por haber sido sacada del bloque contra su voluntad".
En este nuevo escenario, para el experto, las consecuencias reales del Brexit son "la pérdida de influencia en Europa y la de los mercados europeos para bienes y servicios".
Además, dijo Keating, se encuentra dentro de "un Reino Unido más dominado por las fuerzas políticas que apoyan el Brexit que, en su mayoría, están ubicadas políticamente a la derecha y son ingleses nacionalistas con muy poco interés por Escocia".
Y concluyó en su análisis: "La única forma en la que Escocia puede sostener su participación en los asuntos de la UE es convirtiéndose en un estado independiente dentro del bloque. Hay quienes están buscando alternativas para no declarar la independencia, pero esas alternativas no existen".




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