El jefe del Pentágono desafía a Trump y rechaza desplegar al Ejército por las protestas

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"Sólo deberían ser usadas como un último recurso", dijo Mark Esper. El presidente, que busca su reelección, insiste con su mensaje de máximo rigor, pero no logra disuadir las manifestaciones, que seguían anoche.

Washington - El secretario de Defensa de Estados Unidos, Mark Esper, marcó ayer una llamativa distancia con el presidente estadounidense Donald Trump y dijo que está en desacuerdo con usar a los militares para frenar la multitudinaria ola de protestas contra el racismo y la brutalidad policial.

En medio de las movilizaciones por la muerte de George Floyd, un ciudadano negro que fue asfixiado por un policía blanco en Minneapolis, Trump amenazó el lunes con desplegar a los militares para “arreglar rápidamente la situación”, lo que desató una ola de críticas.

El jefe del Pentágono expresó así una queja sorda dentro de las Fuerzas Armadas, de la que dio cuenta Ámbito en su edición de ayer.

“No apoyo que se use la Ley de Insurrección”, indicó Esper, quien piensa que las tropas “sólo deberían ser usadas como un último recurso y en las situaciones más urgentes y graves”.

“Siempre he creído y sigo creyendo que la Guardia Nacional es más adecuada para prestar apoyo interno a las autoridades civiles en estas situaciones”, dijo en una rueda de prensa el secretario de Defensa, en referencia al contingente de reservistas. Esper también se refirió a la polémica después de que el lunes Trump ordenara reprimir una manifestación pacífica delante de la Casa Blanca para despejar la zona y poder concurrir a una iglesia dañada por un grupo de manifestantes en fin de semana, donde posó con una Biblia en la mano.

El jefe del Pentágono admitió que fue un error haber posado junto a Trump. “Hago lo posible por permanecer apolítico y por evitar situaciones que pueden parecer políticas”, indicó. “A veces lo logro y otras no”, añadió.

El policía que detuvo a George Floyd y que lo inmovilizó presionando su cuello con su rodilla durante nueve minutos, Derek Chauvin, fue detenido tres días después, tras el estallido de las protestas nacionales, y fue acusado de homicidio involuntario. Otros tres agentes que estaban presentes fueron despedidos, pero no se presentaron cargos en su contra.

Casi diez días después de su muerte, las multitudinarias protestas contra el racismo y la violencia policial se intensificaron el martes hasta entrada la madrugada de ayer en diversos puntos de Estados Unidos, en abierto desafío a la amenaza de mano dura del presidente.

Pese a la pandemia del nuevo coronavirus, al cierre de esta edición había manifestaciones masivas en varias ciudades.

La noche anterior se habían registrado choques con la Policía en Nueva York y Los Ángeles, entre otras, pese al toque de queda, aunque no hubo tantas escenas de violencia y saqueos como en los días precedentes.

Trump, que buscará la reelección en noviembre, mantuvo ayer su discurso duro y salió al cruce de las críticas al escribir en Twitter: “¡Ley y orden!”.

Las movilizaciones callejeras alcanzaron una dimensión no vista desde la década de 1960 durante las protestas por los derechos civiles, pese a que Estados Unidos es el país del mundo con más muertos por la pandemia del coronavirus -más de 106.000-.

En Washington los manifestantes desafiaron el toque de queda, pero no se registraron desórdenes, y en Nueva York -donde las autoridades extendieron hasta el 7 de junio las restricciones de circulación nocturna- la situación fue más tranquila que el martes, cuando se registraron saqueos en la Quinta Avenida.

Con todo, cientos de personas desafiaron el toque de queda gritando “Sin justicia, no hay paz” y coreando el nombre de George Floyd.

“Nuestros ancestros lucharon por años para impedir cosas como estas, pero siguen pasando y estamos cansados. Es frustrante que un policía pueda matar, asesinar a un hombre delante de una cámara, frente al mundo entero”, dijo Joy McClean, una empleada de una ONG que vive en el Bronx, en Nueva York.

En total la Policía registró cerca de 9.000 arrestos en todo el país, según una estimación de los medios locales, citando infracciones al toque de queda, algunos actos de violencia y desórdenes varios.

En Minneapolis, el epicentro de las manifestaciones, la situación retorna poco a poco a la calma, después de los disturbios del fin de semana.

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