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Por último, la actividad industrial retrocedió un 0,8% en agosto contra julio, se quejó ayer, informe en mano, la poderosa Confederación Nacional de la Industria (CNI).
Con un crecimiento mediocre y declinante desde 2011, prácticamente nulo este año y de alrededor del 1% previsto para el que viene, a Brasil le urge emprender reformas, algunas dolorosas. Gasto público, impuestos y jubilaciones aparecen al tope de la lista. Las materias primas que el país exporta, como la Argentina, ya no cotizan alto, China tracciona menos y los dólares comienzan el esperado y temido "vuelo a la calidad".
En este contexto, las presiones se multiplican y cabe comenzar a preguntarse qué clase de Gobierno llevará adelante Dilma si logra la reelección. Y, en ese sentido, qué lugar le cabrá a la Argentina en momentos en que arrecia el reclamo de una parte del empresariado para terminar con el Mercosur tal como lo conocemos.
Thiago de Aragao, analista en Arko Advice, dijo que los candidatos de oposición, Marina Silva y Aécio Neves, "han dicho que la Argentina no puede ponerse por encima de las reglas del bloque y que si eso es así, será mejor que Brasil salga de él. Pero también Dilma entiende que el país vecino no puede ignorar las reglas con tanta frecuencia. Aécio es el más radical en ese punto, Marina moderada y Dilma más favorable al bloque, pero independientemente de quién gane, cualquiera será más firme en relación con la Argentina".
Las autoridades argentinas deberán cuidar este punto. El debate sobre el Mercosur y la relación bilateral están aquí más calientes que nunca y la cuerda ya no resiste muchos más tironeos.




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