dos gotas de agua. El primogénito de Donald Trump exhibe un estilo muy parecido al de éste. Cuando se siente atacado, redobla la apuesta. El problema de ambos es que Washington tiene otros códigos.
á decidido a defenderse al estar por primera vez en el centro del escándalo de la trama rusa.
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Cuando parecía que su situación estaba cada vez más comprometida, Donald Jr., de 39 años, no dudó en reaccionar con sarcasmo y desprecio, en circunstancias en las que otros se hubieran refugiado en declaraciones redactadas por sus abogados.
¿Qué se le reprocha exactamente a Donald Trump Jr. quien, al contrario que su hermana Ivanka, no acompañó a su padre a Washington y gestiona con su hermano Eric los negocios inmobiliarios de la Trump Organization? Presuntamente el haber aceptado, en plena campaña electoral para las presidenciales del año pasado reunirse el 9 de junio con la abogada rusa Natalia Veselnitskaya. Desde el domingo, Donald Jr. -muy involucrado en la campaña de su padre- modificó varias veces su versión del encuentro en la Trump Tower, de Nueva York.
El lunes todavía afirmaba que no sabía quién era esa abogada y que aceptó reunirse con ella porque un conocido le había dicho que podía tener información comprometedora sobre Hillary Clinton. "Evidentemente, soy la primera persona de un equipo de campaña en haber participado en una reunión para escuchar informaciones sobre un oponente", ironizó ese día antes de retuitear un artículo titulado "El informe de The New York es para bostezar".
El diario neoyorquino afirma que el primogénito del presidente recibió un correo electrónico avisándole que la abogada tenía información del Kremlin.
Pero ante el aumento imparable de la presión decidió divulgar en Twitter los mensajes sobre el tema. En ellos Trump Jr. explica que estaría "encantado" de obtener datos perjudiciales para Clinton suministrados por el Gobierno ruso.
Donald Jr., como la mayoría de sus hermanos, siempre estuvo muy cerca de su padre, ayudando en el negocio familiar, desarrollando el programa de televisión "The Apprentice" ("El aprendiz") u organizando un concurso de belleza en Moscú en 2013.
Aficionado a la caza, está casado desde hace más de diez años con una exmodelo con la que tiene cinco hijos.
Su implicación en la trama rusa no lo salvó de ser el blanco de famosos humoristas estadounidenses como Stephen Colbert y Trevor Noah, ambos abiertamente anti-Trump.
Ahora cuenta con el asesoramiento del abogado neoyorquino Alan Futerfas para enfrentar las investigaciones del Congreso y del FBI sobre la injerencia rusa en las presidenciales.
Para partidarios del presidente estadounidense como Ronald Kessler, un experiodista del The Washington Post, queda claro que Trump Jr. era un novato en política. "Aprobar esa reunión cuando no sabía siquiera quién era esa mujer no fue una buena idea, fue una cosa de aficionado, pero eso no es un delito", estimó.
No es la primera vez que Trump Jr. demuestra su afición por cruzar barreras. Tal y como reconoció en marzo a The New York Times, "no soy alguien que tome precauciones, digo las cosas como son".
Durante la campaña electoral del año pasado llamó la atención por su discurso agresivo en la Convención Republicana de Cleveland de junio, pera también indignó al escribir un tuit en el que comparó el recibimiento de refugiados sirios con bombones envenenados.
El mes pasado, durante una audiencia en el Congreso del exdirector del FBI, James Comey, potencialmente crítica para su padre, salió a la palestra con varios tuits fustigando a los medios y destacando todo lo que podía exonerar al presidente.
Pase lo que pase, hará cualquier cosa para proteger a Trump: "Mi padre no sabía nada de ese encuentro", se apresuró a aclarar en cuanto comenzaron a circular las revelaciones.
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