Una Bagdad todavía convulsionada sufrió ayer un atentado suicida
El día siguiente a la caída de Saddam Hussein mostró un Irak de imágenes contrapuestas. Mientras miles de iraquíes expresaban su apoyo a los soldados de la coalición, el país pareció haber entrado en un completo estado de convulsión. En un atentado suicida en Bagdad, murió un marine y 20 resultaron heridos. Esto obligó a aumentar los controles. En tanto, se agravó la ola de saqueos, y uno de los principales líderes chiítas fue asesinado. En algunas ciudades del Norte, se sigue combatiendo. Kirkuk fue tomada por los kurdos, alarmando a Turquía, y Mossul comenzaba a rendirse anoche. George W. Bush dio un mensaje al pueblo iraquí: "La pesadilla ha terminado", dijo.
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Bagdad continua siendo un «lugar peligroso», declaró el general estadounidense Victor Renuart, quien estimó que las fuerzas anglo-estadounidenses «controlan ahora entre 50% y 60% del territorio iraquí».
Mientras tanto, decenas de cadáveres yacían en las veredas o estaban entre vehículos calcinados en el barrio de Al Dora, en el sur de Bagdad. «El olor es insoportable y centenares de moscas cubren los cadáveres, entre ellos niños, que se ven en la ruta, entre ese barrio y el aeropuerto que está en manos de los estadounidenses», dijo un periodista de «AFP».
En Basora (sur) la situación rozaba la anarquía, agravada por la ausencia de cualquier autoridad local o policía y la aparente impasibilidad de las tropas británicas. El gobierno británico evaluaba la posibilidad de enviar policías con más práctica en situaciones de desorden urbano.
El Pentágono sostuvo por su parte que son 101 los soldados estadounidenses muertos en la guerra contra Irak, además de 399 heridos, 11 desaparecidos y 7 prisioneros de guerra.
Un informe difundido ayer dijo además que los prisioneros de guerra iraquíes superan los 7 mil. Las muertes entre los civiles rondan las 1.300 personas, al menos 6.000 heridos y varios miles de militares.




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