11 de abril 2003 - 00:00

Una Bagdad todavía convulsionada sufrió ayer un atentado suicida

El día siguiente a la caída de Saddam Hussein mostró un Irak de imágenes contrapuestas. Mientras miles de iraquíes expresaban su apoyo a los soldados de la coalición, el país pareció haber entrado en un completo estado de convulsión. En un atentado suicida en Bagdad, murió un marine y 20 resultaron heridos. Esto obligó a aumentar los controles. En tanto, se agravó la ola de saqueos, y uno de los principales líderes chiítas fue asesinado. En algunas ciudades del Norte, se sigue combatiendo. Kirkuk fue tomada por los kurdos, alarmando a Turquía, y Mossul comenzaba a rendirse anoche. George W. Bush dio un mensaje al pueblo iraquí: "La pesadilla ha terminado", dijo.

Una Bagdad todavía convulsionada sufrió ayer un atentado suicida
Bagdad (ASN, DPA, Reuters, AFP) - El simbolismo de la caída de las estatuas de Saddam Hussein y la imponente presencia de los tanques Abrams estadounidenses no llevaron todavía la calma a las calles de Bagdad. Ayer se produjo el primer ataque suicida desde la caída del régimen, que causó la muerte de un soldado estadounidense, en tanto que combates en suburbios de la capital iraquí provocaron decenas de muertes entre iraquíes. Al anochecer, en tanto, los edificios de los ministerios de Información, Comercio, Educación, Educación Superior y Finanzas, además del viejo mercado tradicional del centro comercial de Bagdad, en la calle Rasheed, estaban en llamas, según corresponsales extranjeros.

El ataque suicida, que también hirió a tres efectivos de la invasión, fue perpetrado cuando un iraquí se inmoló en un puesto de control en pleno corazón de la capital iraquí, cerca del hotel Palestine donde se aloja la prensa internacional.

En tanto, un marine murió y veinte resultaron heridos en un tiroteo en una mezquita sunita en el centro de Bagdad, confirmaron en el comando estadounidense en Qatar.

La mezquita sunita Abu Hanifa, en el barrio de Adhamiya, fue alcanzada por disparos de las tropas estadounidenses, que sospechaban que el líder iraquí, Saddam Hussein, podía esconderse en su interior.

El atentado suicida «ciertamente refuerza el peligro que aún permanece», consideró en Washington el general del ejército, Stanley Mc-Chrystal, subdirector de operaciones del comando conjunto. «Mientras tratamos de permitir que la vida vuelva a la normalidad, resulta cada vez más difícil mantener la protección de nuestras fuerzas», dijo McChrystal.

Los helicópteros de combate estadounidenses intervinieron por la tarde durante los enfrentamientos que oponían a grupos de los fedayines de Saddam a unidades de EE.UU. en barrios periféricos.

Bagdad continua siendo un «lugar peligroso», declaró el general estadounidense
Victor Renuart, quien estimó que las fuerzas anglo-estadounidenses «controlan ahora entre 50% y 60% del territorio iraquí».

Mientras tanto, decenas de cadáveres yacían en las veredas o estaban entre vehículos calcinados en el barrio de Al Dora, en el sur de Bagdad
. «El olor es insoportable y centenares de moscas cubren los cadáveres, entre ellos niños, que se ven en la ruta, entre ese barrio y el aeropuerto que está en manos de los estadounidenses», dijo un periodista de «AFP».

En Basora (sur) la situación rozaba la anarquía, agravada por la ausencia de cualquier autoridad local o policía y la aparente impasibilidad de las tropas británicas. El gobierno británico evaluaba la posibilidad de enviar policías con más práctica en situaciones de desorden urbano.

El Pentágono sostuvo por su parte que son 101 los soldados estadounidenses muertos en la guerra contra Irak, además de 399 heridos, 11 desaparecidos y 7 prisioneros de guerra.

Un informe difundido ayer dijo además que los prisioneros de guerra iraquíes superan los 7 mil. Las muertes entre los civiles rondan las 1.300 personas, al menos 6.000 heridos y varios miles de militares.

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