17 de mayo 2021 - 00:00

Una escalada trágica que no encuentra final

El 3 de mayo, se produjeron disturbios en el barrio de Sheij Jarrah de Jerusalén Este, cercano a la Ciudad Vieja, durante una manifestación de apoyo a familias palestinas amenazadas de expulsión de sus viviendas en beneficio de colonos judíos.

El 7, decenas de miles de fieles se congregaron en la Explanada de las Mezquitas para la última gran oración del viernes antes del final del mes de ayuno del Ramadán. Según la policía israelí, los palestinos lanzaron proyectiles y las fuerzas de seguridad replicaron con bombas de estruendo y balas de goma. De acuerdo con los palestinos, la represión se produjo incluso dentro de la mezquita de Al Aqsa.

El 8, nuevos enfrentamientos dejaron un centenar de heridos en otras zonas de Jerusalén Este, según la Media Luna Roja palestina. También hubo heridos entre los policías israelíes.

El 10 de mayo por la noche, el movimiento islamista Hamás, en el poder en la Franja de Gaza, lanzó salvas de cohetes hacia Israel, que bombardeó el enclave palestino como represalia.

Al día siguiente, Hamás lanzó una andanada de proyectiles hacia Tel Aviv, después de la destrucción de un edificio de 12 pisos en Gaza, donde jerarcas del movimiento tenían sus oficinas.

El 11 se desataron violentos disturbios en varias ciudades “mixtas” israelíes, donde cohabitan judíos y palestinos con ciudadanía israelí. Más de 400 personas, judías y árabes, fueron detenidas.

El 13, Israel desplegó tanques y artillería en la frontera para apoyar los bombardeos aéreos. Además, movilizó a miles de reservistas.

El 14, las protestas en Cisjordania ocupada derivaron en enfrentamientos con el ejército israelí: 11 palestinos resultaron muertos y más 150 manifestantes heridos.

Desde entonces, Hamás no detuvo el lanzamiento de cohetes contra áreas civiles de varias ciudades israelíes –la mayor ofensiva en su tipo que se recuerde– e Israel endureció sus bombardeos en la franja palestina.

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