George W. Bush y John Kerry protagonizaban anoche un cerrado escrutinio, tal como preveían los pronósticos previos a la elección. Las cadenas de televisión, muy prudentes tras el fiasco de sus previsiones en los comicios de 2000, no se atrevían a hacer proyecciones en los estados considerados clave, como Florida, Ohio y Pennsylvania. Sin embargo, al cierre de esta edición el presidente republicano sacaba una leve dos primeros. Se estimaba que la confirmación de dicha tendencia -en caso de no ser disputada judicialmente-sería suficiente para asegurarle cuatro años más en la Casa Blanca. Un dato significativo fue la fuerte afluencia de votantes. Proyecciones la estimaban en cerca de 60% del electorado, lo que, de confirmarse, supondría el mayor nivel de participación desde los comicios de 1968, cuando el país se encontraba polarizado por la Guerra de Vietnam. La difusión temprana de sondeos a boca de urna, que habían adjudicado la victoria a Kerry, deprimió los mercados financieros sobre el cierre. En la campaña, Bush prometió continuar a la ofensiva en la lucha contra el terrorismo y hacer permanentes los recortes de impuestos para consolidar la recuperación de la economía. Además, avanzaría decididamente en el libre comercio en el continente. Kerry, por su parte, lanzó críticas a la guerra en Irak, propuso revertir los recortes impositivos para las personas más ricas y revisar los acuerdos de libre comercio vigentes y en proceso de negociación, lo que podría suponer un nuevo freno al ALCA.
Tal como estaba previsto, el Partido Republicano obtuvo una contundente ventaja en los estados del centro del país, con mayor acento en los distritos del Sur.
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