Residentes de La Palma escalan colinas de ceniza volcánica para poder volver a casa

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Por Joan Faus y Horaci Garcia

LAS MANCHAS, España, 21 ene (Reuters) - Sabino Leal Jerónimo, de 80 años, regresó el viernes a su casa en la isla canaria de La Palma por primera vez en cuatro meses, después de que la erupción volcánica lo obligara a huir.

Aunque las corrientes de lava ya no amenazan con quemar su casa en la montañosa localidad de Las Manchas, lo que le esperaba seguía siendo desalentador: montones de ceniza negra de tres metros de altura apilados alrededor de su casa y en las calles circundantes, que le obligaron a trepar por las colinas y a bajar a duras penas una sucia escalera para acceder a su casa por la puerta trasera.

"Dentro está hecho una porquería. El polvo se mete en todo. ¿Pero qué vamos a hacer? No podemos luchar contra la naturaleza", dijo con resignación este jubilado a Reuters.

La casa, situada en las estribaciones del volcán Cumbre Vieja, es una de las zonas a cuyos residentes se comunicó el martes que podían volver después de que la erupción, que ha durado tres meses, se declarara oficialmente terminada el día de Navidad.

Jerónimo confiaba en que su casa -construida por sus abuelos y en la que nació- no se encontraba entre los cerca de 3.000 edificios destruidos por los ríos de roca fundida. El único daño estructural que sufrió fue el colapso parcial del techo del garaje, atrapando su coche debajo.

Hasta ahora no ha recibido ninguna ayuda oficial para limpiar las cenizas, pero dijo que se las arreglará poco a poco con la ayuda de sus cuatro hijos y de amigos. Actualmente vive en un hotel que las autoridades locales han puesto a disposición de muchas de las 7.000 personas que se han visto obligadas a abandonar sus hogares.

Recuperar la sensación de normalidad, sin embargo, llevará tiempo con tantos escombros que siguen bloqueando las carreteras y con los servicios de agua y electricidad interrumpidos.

Jerónimo sonríe y dice sentirse tranquilo, mientras al otro lado de la carretera los bomberos vierten agua en los depósitos para abastecer a los hogares.

María Inmaculada Pérez, de 62 años, se mostró menos optimista mientras escarbaba entre las cenizas alrededor de su casa junto a su marido.

Al igual que Jerónimo, está viviendo en un hotel, pero espera volver a casa en julio si las autoridades los ayudan con la limpieza. Teme que la lluvia pueda solidificar la ceniza, y no sabe si será lo suficientemente seguro para que su madre de 84 años, que vivía al lado, pueda volver a casa.

"Cuanto más (ceniza) quitamos, más vemos, más quitamos, más vemos. Es una impotencia total", dijo. (Reportaje de Joan Faus, Horaci García y Borja Suárez, redacción de Joan Faus, traducción de Darío Fernández. Editado por Javier Leira)

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