22 de abril 2005 - 00:00

Vuelve la calma, pero tensión sigue latente

Quito (AFP) - Las calles de Quito, que durante una semana estuvieron convulsionadas por las protestas contra el presidente Lucio Gutiérrez, depuesto el miércoles, retornaban a la calma ayer, aunque mostraban los estragos dejados por la protesta y persistían las críticas a la «clase política».

Tras el caos de la víspera con el derrocamiento del presidente Lucio Gutiérrez, y su reemplazo por el nuevo jefe de Estado, Alfredo Palacio, el ritmo de vida volvió rápidamente a su curso regular, alejándose el peligro de la anarquía que amenazaba a esta nación andina de 12,2 millones de habitantes.

El sentimiento de los ecuatorianos fluctuaba entre el alivio por haber superado una etapa que para el ciudadano común era de «corrupción» y la expectativa ante un nuevo gobernante en quien mantienen esperanzas, aunque sin darle carta blanca.

En la céntrica Plaza de la Independencia, frente al Palacio de Carondelet, mientras el flamante presidente asumía el cargo, una madre de familia, Janet Taype, reclamaba a voz en cuello que Palacio convoque a elecciones e instaure una « asamblea popular».

«Queremos elecciones inmediatas y que se destituya este Congreso ineficiente donde hay una oligarquía corrupta», comentó la mujer, rodeada por numerosas personas que asentían sus afirmaciones.

«Confío en Palacio, pero no le vamos a dar carta blanca, tiene que hacer un gran cambio en el país», añadió.

Los mayores denuestos que se escuchaban estaban dirigidos contra el Congreso y los diputados, a quienes se tildaba de «delincuentes».

El ciudadano
Francisco Falcone también convocaba a su alrededor a casi un centenar de personas bajo la consigna de «diputados a la cárcel» y el lema «que se vayan todos» que comienza a extenderse entre los ecuatorianos.

«Es que ya estamos hartos de ser engañados, Palacio es el octavo presidente en diez años», añadió Falcone, mientras el grupo que iba formando aumentaba en número y comenzaba a ser visto con recelo por la policía y los soldados desde la Casa de Gobierno.
 
Juan Pacheco, un taxista que pasaba por la zona céntrica, detuvo su automóvil para dar su opinión: «Nosotros no sacamos a los presidentes por puro gusto, lo que sucede es que quienes llegan al gobierno y al Congreso caen en la corrupción».

«Yo creo que al presidente Palacio le debemos dar entre tres y cuatro meses para ver sus resultados, de lo contrario también lo podemos sacar», dijo sin temor.

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