Aquel 15 de agosto de 2003 todavía brilla en los ojos de Alexis Cabrera. Razones no le faltan. Ese día, la Selección argentina de fútbol le ganó uno a cero a Brasil y se quedó con la medalla dorada en los Juegos Panamericanos de Santo Domingo.
De campeón al pozo petrolero: el jugador que busca ser concejal
Alexis Cabrera obtuvo dos títulos con San Lorenzo y un Panamericano con la Selección. Luego de ganar la batalla legal por la tenencia de sus hijos, quiere llegar al HCD.
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La escena forma un loop, un rulo emocional que varias noches en la semana lo despierta en mitad de su descanso. Como un sueño dentro de otro sueño. Y es que, si las palabras tuvieran forma, el recuerdo no sería más que atar con cordura aquello que quedó grabado en la espesura. Como un bosquejo de lo que fue. Bien prendido. Con el botón rojito de rec titilando. Ese que en los VHS de la memoria de Alexis aún tiene cuerda.
“La Selección, emotivamente, fue lo mejor que me pasó. Cuando subí al podio me temblaban las piernas. Jugamos con lluvia, y al ser una competencia corta, estábamos muy cansados. Una vez que sonó el silbato final, en vez de salir a festejar me acalambré entero”. Alexis proyecta su viaje interno. Y no resulta casual que suceda ahora. Justo cuando la Argentina volvió a repetir ese mismo título, luego de 16 años, el pasado 10 de agosto cuando venció a Honduras por 4 a 1.
Dice Alexis que el campeonato obtenido le trae “nostalgia”. Y asegura que “es algo que no me pasa desde hace mucho. Se me vino a la cabeza mi familia, mis viejos, las canchas donde jugaba con piedras, el vestuario con chapas. Hoy, más frío y más grande, me doy cuenta de que fue muy groso lo que logramos en su momento. Ojalá este sea el comienzo de una nueva era”.
Pero qué pasó durante un torneo y otro en la vida del capitán de aquella proeza. “La vida es eso que sucede mientras estás haciendo otros planes”, le hubiera dicho John Lennon si fuese argento. Y sí. En lo concreto, Alexis formó parte del plantel del San Lorenzo que consiguió sus primeros dos títulos internacionales en 2001 y 2002 (Mercosur y Sudamericana), junto a figuras como Romagnoli, Zabaleta, Saja, Ervitti y el Beto Acosta. “Me tocó ser parte y tengo las medallas ahí. Soy un agradecido a Ruggeri, que me subió a primera; a Pellegrini que me hizo debutar y a Insua, que me dio continuidad. Haber sido parte de la historia es incomparable”.
Luego de los torneos alcanzados, Cabrera siguió jugando. Pasó por Olimpo, la CAI (de su Comodoro Rivadavia natal) y Talleres, y sumó 142 partidos oficiales con 5 goles. Pero desde su estadía en Córdoba nada fue lo mismo. “Un día que llegué de entrenar y mi pareja no estaba más. Se había ido con mi hija de pocos meses a Comodoro. Me dejó dicho que si quería volver a verla tenía que dejar el fútbol. Ni lo pensé y me fui”.
A los 28, Cabrera colgó los botines por primera vez. Con sus antecedentes futbolísticos, un sindicalista local le ofreció pagarle para que juegue en un club local. Pero duró tres meses. Como no podía seguir abonando por sus servicios, el gremialista le ofreció un trabajo en una petrolera. “Cuando iba a los pozos manejaba 300 ó 400 km. por día. A veces estaba horas y se me venían imágenes de partidos que había jugado de noche. No podía entender cómo me tenía que poner las botas de trabajo, si yo me ponía los botines de futbol; cómo me ponía el mameluco, si antes me ponía la camiseta; cómo ahora las ordenes me las daba un supervisor en vez de un director técnico”.
No fue fácil el camino. “Dejé de hacer lo que amaba, no tenía a mis hijos y estaba haciendo algo que no me gustaba”. Y ante la consulta sobre si alguna vez se encontró en el borde, Cabrera asegura que “nunca aflojé. Siempre tuve a mi familia y a mis amigos incondicionales. Sabía que mis hijos me necesitaban. Tenía que hacerlo. Sufrí y lloré mientras trabajaba, pero logré aguantar”.
El año pasado Cabrera peleó por la custodia de sus hijos ya que nunca le cumplieron los regímenes de visita. “En los últimos seis años había compartido muy poco. Hoy, gracias a mi abogada, están conmigo”.
En este momento, el exjugador se dispone a llevar adelante un nuevo partido en su vida. Este año lo convocaron de parte del equipo de Consenso Federal y se puso al frente de la lista de concejales en Comodoro Rivadavia. En las Primarias pasó el recorte y ahora va por la posibilidad de entrar en el HCD local. “Cuando en el pozo petrolero siempre me querían de delegado, pero nunca me animé. Siempre vieron la veta de querer ayudar”.
Con respecto a la actualidad de su ciudad, Cabrera asegura que “hoy en Comodoro y también a nivel nacional vemos que hay una dejadez terrible en infraestructura y en lo laboral deporte, me avisaron el día anterior al cierre de lista. Formamos parte de una lista que cuenta con diferentes deportistas. Como me pasó en el deporte y en lo personal, logré lo que muy pocos papás pueden hacer. Y sé que puedo ayudar para hacer mucho desde lo social, lo deportivo y lo familiar. Me manejo con hechos”.
Ya enfocado en su nuevo rol, Cabrera cuenta que todos los días se levanta con la sonrisa de tener a sus hijos con él y, como faro, la camiseta con la que ganó los Panamericanos encuadrada en la pared de su habitación. “Me pongo en juego y a disposición. Lo vuelvo a vivir como un partido. Estoy tranquilo porque no me hizo falta ser político para conocer los barrios. Con mi escuela de futbol repartimos comida, gestionamos espacios para los chicos y ayudamos a los que lo necesitan. Todavía no vi a ningún político embarrarse de verdad. Es hora de salir a la cancha”.
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