Robert Pera tenía uno de esos trabajos que muchos ingenieros jóvenes consideran soñados. Había entrado a una de las empresas tecnológicas más importantes del mundo, pero ganaba u$s65.000 al año probando equipos Wi-Fi y sentía que podía hacer mucho más.
Mientras cumplía esa tarea, detectó una oportunidad que sus superiores no consideraron prioritaria. Decidió trabajarla por su cuenta durante las noches y los fines de semana y terminó construyendo una empresa valuada en u$s34.000 millones.
Su paso por Apple marcó el inicio de un nuevo camino.
Gentileza - Lance Murphey
Un rendimiento de "2 de 5": el día que Apple rechazó la gran idea de Robert Pera
Pera llegó a Apple después de estudiar Ingeniería Eléctrica y japonés en la Universidad de California en San Diego y completar una maestría en Ingeniería Eléctrica. Su objetivo era participar del diseño de nuevos productos, pero terminó dentro del equipo encargado de probar hardware inalámbrico.
Aunque llegaba temprano, se quedaba hasta tarde y pedía asumir más responsabilidades, su primera evaluación anual fue de solo 2 puntos sobre 5. Durante las pruebas descubrió que las radios funcionaban muy por debajo de los límites de potencia permitidos por la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos y, según sus cálculos, podían alcanzar distancias mucho mayores.
También observó que usuarios de zonas rurales modificaban equipos convencionales con antenas y amplificadores para llevar internet a lugares donde no llegaban las redes tradicionales. Pera vio un mercado para vender equipos inalámbricos baratos y de largo alcance. Planteó la posibilidad de aumentar la potencia de los dispositivos, pero la compañía no mostró interés en avanzar por ese camino.
Pera identificó la oportunidad mientras trabajaba en Apple y después desarrolló el producto y el negocio por su cuenta. Durante un año armó prototipos fuera del horario laboral y antes de renunciar recibió una segunda evaluación en la que obtuvo 4 sobre 5 y un aumento. Su jefe incluso le dijo que finalmente estaba encontrando su ritmo, pero la decisión ya estaba tomada.
Ubiquiti creció con una estrategia inusual dentro de Silicon Valley.
Gentileza - Nikki Boertman
Cómo $30.000 en ahorros y tarjetas de crédito dieron origen a Ubiquiti
En 2005, Pera dejó su empleo y puso en marcha Ubiquiti con u$s30.000 provenientes de ahorros, opciones sobre acciones y deudas de tarjetas de crédito. El dinero alcanzó para desarrollar prototipos, crear una página web y empezar a buscar compradores interesados en equipos inalámbricos de largo alcance.
El problema apareció cuando consiguió un producto listo para vender y no tenía suficiente capital para fabricarlo a gran escala. En lugar de buscar inversores, consiguió que algunos clientes pagaran los pedidos por adelantado. Con ese dinero financió la producción en Taiwán.
Mientras tanto bajó gastos personales. Cuando terminó el contrato de su departamento, que costaba u$s600 mensuales, decidió no alquilar otro. Se mudó durante varios meses a una oficina de u$s650 por mes frente al juzgado de San José y vivió ahí mientras intentaba hacer crecer el negocio. Ubiquiti empezó vendiendo radios de bajo costo y gran alcance a proveedores de internet inalámbrico. Después amplió el catálogo con:
- antenas
- puntos de acceso
- routers
- switches
- cámaras de seguridad
- sistemas de redes
Cinco años después de comenzar, su suerte había cambiado por completo. En 2010, una operación con Summit Partners incluyó la recompra de acciones que estaban en manos de Pera por un total de u$s83,9 millones.
Pera mantuvo el control de la empresa mientras su valor seguía subiendo.
Gentileza - @__rjp__
La estrategia de crecimiento sin capital de riesgo
Una de las características más particulares de Ubiquiti fue que no siguió el modelo habitual de muchas startups de Silicon Valley. Durante sus primeros años, Pera no quiso depender de capital de riesgo y financió parte del crecimiento con las propias ventas. El pago anticipado de clientes le permitió fabricar productos sin entregar grandes porcentajes de la compañía cuando todavía tenía una valuación baja.
Ubiquiti salió a Bolsa en octubre de 2011 a u$s15 por acción. Después de la oferta pública, Pera controlaba más del 64% de la compañía y su participación estaba valuada en u$s867 millones al precio inicial. Con el paso de los años, en vez de vender grandes cantidades de acciones, mantuvo prácticamente toda su posición.
Además, la empresa recompró títulos en el mercado y como consecuencia, su porcentaje fue creciendo hasta alcanzar el 93% de Ubiquiti. Pera tiene actualmente unas 56,3 millones de acciones. Con una cotización de u$s559 por título, solamente esa participación tiene un valor de u$s31.500 millones. La compañía cerró el ejercicio fiscal 2026 con ingresos récord de u$s3.274 millones, un 27% más que el año anterior, y una ganancia neta de u$s960 millones.
Con los años también llevó sus negocios fuera de la tecnología.
Magnific
El inusual modelo de compensación de Pera
A pesar de controlar una compañía multimillonaria, Pera no cobra el sueldo típico de CEO. En 2013 bajó su salario en Ubiquiti a cero y desde entonces mantuvo esa estructura. Con semejante cantidad de acciones en su poder, su remuneración depende del valor de la empresa y de los dividendos.
Ubiquiti declaró recientemente un dividendo trimestral de u$s1 por acción. Con 56,3 millones de títulos, Pera puede recibir u$s56,3 millones en un solo trimestre. Si ese pago se mantuviera durante cuatro períodos, superaría los u$s225 millones anuales en dividendos.
Ahora, un solo pago trimestral equivale a más de 860 años del salario anual de u$s65.000 que tenía cuando trabajaba en Apple. Su fortuna actual se estima en u$s33.000 millones y no depende exclusivamente de Ubiquiti. En 2012 encabezó un grupo que compró los Memphis Grizzlies de la NBA por u$s377 millones. Más adelante aumentó su participación y mantuvo el control de una franquicia que actualmente está valuada en u$s4.000 millones.