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26 de octubre 2026 - 18:54

El triunfo de Lula sacude los negocios en Brasil y divide al empresariado

Frigoríficos, productores de soja y grandes grupos industriales enfrentan perspectivas diferentes. Los planes de inversión, el financiamiento y la competencia comercial también ponen en juego intereses argentinos.

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El acceso al crédito aparece como uno de los puntos centrales de los reclamos empresarios.

La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil provocó una fuerte reacción en el empresariado y abrió interrogantes sobre el futuro de las inversiones de algunas de las mayores compañías de ese país. Mientras dirigentes del agronegocio que habían respaldado a Flávio Bolsonaro reclamaron cambios en la política económica, otras organizaciones empresariales manifestaron su disposición a trabajar con el mandatario. La depreciación del real también modificó las perspectivas de los frigoríficos, las exportadoras agrícolas y las empresas forestales, con posibles consecuencias para la Argentina.

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El primer impacto del triunfo de Lula se sintió en los mercados financieros. Tras conocerse el resultado de las elecciones del domingo 25 de octubre, la Bolsa de San Pablo debió suspender sus operaciones durante 30 minutos, luego de que el Ibovespa registrara una caída del 10%. Las pérdidas se profundizaron durante la jornada y el principal índice bursátil brasileño cerró con una baja del 13,88%, mientras el dólar avanzó un 8,21% frente al real. La reacción de los inversores estuvo vinculada principalmente con las dudas sobre el rumbo de la política fiscal durante el cuarto mandato de Lula, que comenzará en enero de 2027.

Sin embargo, el impacto de la depreciación del real no será igual para todas las empresas brasileñas. Mientras las exportadoras pueden beneficiarse al recibir dólares por sus ventas al exterior y convertirlos a moneda local, las compañías con mayores niveles de endeudamiento enfrentan un panorama más complicado por el costo del financiamiento. Esta diferencia cobra especial importancia en el agronegocio, uno de los sectores de mayor peso en Brasil, donde conviven grandes productores de materias primas, industrias de biocombustibles y frigoríficos con operaciones internacionales.

De hecho, un informe de BTG Pactual identificó a SLC Agrícola, 3tentos, São Martinho y Suzano entre las compañías que podrían verse favorecidas por un real más débil. Se trata de empresas vinculadas con la producción de granos, biodiésel, azúcar, etanol y celulosa, cuyos negocios tienen una fuerte participación en el comercio exterior. No obstante, el banco también advirtió que los beneficios cambiarios no serán suficientes por sí solos, ya que el nivel de deuda y la evolución de las tasas de interés tendrán un papel determinante en sus resultados.

Precisamente, el financiamiento aparece como otra de las principales preocupaciones del sector empresario. La reacción de los mercados no solo golpeó las cotizaciones bursátiles, sino que también encareció las condiciones para conseguir crédito, al punto que el Tesoro brasileño debió cancelar las subastas de deuda pública previstas para este lunes. Por eso, más allá de la evolución del dólar, las compañías que necesitan financiar inversiones o refinanciar obligaciones estarán especialmente atentas a las tasas de interés y a las primeras definiciones económicas del próximo gobierno de Lula.

El agro brasileño muestra sus diferencias políticas, pero coincide en los reclamos

La reelección de Lula también dejó en evidencia las diferencias políticas dentro del agronegocio brasileño. Mientras algunas de las principales organizaciones rurales habían respaldado a Flávio Bolsonaro, otras felicitaron al mandatario y manifestaron su disposición a trabajar con el próximo gobierno. Sin embargo, más allá de las preferencias electorales, los reclamos económicos tienen varios puntos en común: menores costos financieros, seguridad jurídica y mejores condiciones para invertir.

Una de las reacciones más críticas llegó desde la Federación de Agricultura y Ganadería del Estado de San Pablo (Faesp). Su presidente, Tirso Meirelles, había apoyado formalmente la candidatura de Bolsonaro y, tras conocerse el resultado, reclamó equilibrio fiscal, una reducción de la presión tributaria y menores tasas de interés. "La democracia no es un acontecimiento que termina el día de la votación; es un proceso vivo que exige cuidado, diálogo y perfeccionamiento diario", sostuvo el dirigente, quien también pidió que el próximo gobierno tenga en cuenta a los sectores que votaron por la oposición.

Los cuestionamientos también llegaron desde Mato Grosso, el principal estado productor de soja de Brasil. Allí, el presidente de Aprosoja, Lucas Costa Beber, sostuvo que el resultado de las urnas debe respetarse, aunque consideró necesario recuperar la confianza de los inversores y mejorar la competitividad. Uno de sus principales planteos fue avanzar en la industrialización de los granos, mediante nuevas inversiones en etanol, biodiésel y combustible sostenible de aviación. La propuesta apunta a que una mayor parte de la producción agrícola se transforme dentro del país y genere negocios industriales, en lugar de destinarse exclusivamente a la exportación como materia prima.

En el ámbito de las compañías proveedoras de insumos y tecnología, la respuesta fue más institucional. CropLife Brasil, que reúne a 53 empresas vinculadas con semillas, biotecnología, agroquímicos y bioinsumos, felicitó a Lula y ofreció colaborar con su próxima gestión. La entidad aprovechó también para remarcar la importancia de sostener las inversiones en investigación, facilitar el acceso de los productores a nuevas tecnologías y garantizar estabilidad regulatoria.

Una postura similar adoptó la Asociación Brasileña del Agronegocio (Abag). Su presidente, Ingo Plöger, pidió al próximo gobierno "construir puentes entre diferentes sectores de la sociedad" y destacó la necesidad de avanzar con políticas de largo plazo para infraestructura, logística, financiamiento y seguros agrícolas.

En definitiva, el acceso al crédito aparece como uno de los puntos centrales de los reclamos empresarios. Brasil cuenta con el Plan Safra, el principal programa de financiamiento para el campo, que dispone de 525.100 millones de reales para la campaña 2026/27. Sin embargo, según estimaciones de entidades agropecuarias, las necesidades del sector superan el billón de reales anuales. Esa diferencia obliga a productores y compañías a recurrir también al financiamiento privado, por lo que el costo del dinero y las condiciones para acceder a nuevos préstamos serán determinantes para sostener las inversiones y los proyectos de expansión.

El impacto sobre las empresas argentinas y la competencia con Brasil

Para las empresas argentinas, la principal preocupación es el efecto que puede tener la depreciación del real sobre el comercio con su mayor socio comercial. Entre enero y septiembre, la Argentina exportó a Brasil productos por u$s9.778 millones, un 4,6% más que en el mismo período del año pasado, mientras que las importaciones alcanzaron los u$s11.993 millones. El intercambio dejó un déficit de u$s2.215 millones, según datos del Indec.

El resultado electoral agregó una variable a esa relación. La fuerte caída de la moneda brasileña mejora la competitividad de sus exportadores, que reciben más reales por cada dólar vendido al exterior, y puede abaratar sus productos frente a los argentinos. El efecto es particularmente importante para las industrias que compiten en los mismos mercados, como la automotriz, la alimenticia y la siderúrgica.

El problema para las compañías locales no se limita a una posible pérdida de competitividad. Si el encarecimiento del crédito y la incertidumbre financiera afectan el consumo y la producción en Brasil, también podría debilitarse la demanda de bienes argentinos. Por eso, las empresas que exportan al país vecino enfrentan dos riesgos distintos: vender a precios menos competitivos y encontrar un mercado con menor capacidad de compra.

La reelección de Lula plantea así un escenario diferente para el empresariado de ambos países. En Brasil, la principal preocupación pasa por sostener las inversiones y los planes de expansión en un contexto de financiamiento costoso. Para la Argentina, en cambio, el riesgo está en una posible pérdida de competitividad de sus exportaciones industriales frente a un real depreciado y una eventual desaceleración de la economía brasileña. Por ahora, las empresas no anunciaron cambios generalizados en sus proyectos como consecuencia del resultado electoral, aunque la evolución de la economía vecina será determinante para las decisiones que tomen en los próximos meses.

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