La distancia entre Buenos Aires y Washington es de 8.365 km, poco más de un quinto de la circunferencia terrestre. La distancia entre los líderes de Argentina y los Estados Unidos más de una vez es imperceptible. No por nada podemos catalogarlos a los dos de populistas conservadores (más allá de su discurso, en la práctica el argentino hace tiempo abandonó los principios libertarios en favor del pragmatismo oportunista).
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Javier Milei y Donald Trump, una dependencia impensada
“Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas” cantaba Héctor R. Chavero (Atahualpa Yupanqui) en “El Arriero Va”. Las estadísticas apuntan a que el vínculo entre la Argentina y los EE.UU. ha sido favorable para el gobierno libertario, pero no lo suficiente como para evitar el efecto de los sucesivos “tiros en el pie” que se vienen dando desde la Casa Rosada.
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“Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas” El reconocimiento y agradecimiento de Javier Milei a Donald Trump.
Esto trae ventajas, como cuando el año pasado el Tesoro salió al rescate, frenado la corrida financiera para permitirle a los libertarios ganar la elección (una victoria que hasta ahora no les ha servido de mucho) y -por supuesto- inconvenientes.
Que la imagen de Donald Trump ha caído hasta el punto de hacer peligrar a partir del 3 de noviembre las mayorías que hoy tiene en el Congreso, es bastante conocida.
Que la imagen de Javier Milei ha caído hasta el punto de hacer peligrar a partir del 24 de octubre del año que viene su chance de ser reelecto, es bastante conocida.
Lo que no es conocido es que la suerte de ambos mandatarios, en torno a la confianza popular que gozan, pareciera estar ligada, casi hasta el punto de la significancia estadística. Tal vez sea una mera casualidad, tal vez no. Será el tiempo quien lo diga. Pero desde que el norteamericano ocupó la Casa Blanca a principios del año pasado, vemos que el nivel de aprobación a la gestión que Donald y Javier corren por caminos muy similares.
De hecho, la correlación entre las variaciones mensuales llega al 46.4% con un R2 de 22%, lo suficiente como para sospechar que “ahí pasa algo”.
Distinto es el caso del nivel de desaprobación que, alimentándose de quienes no tienen una opinión firme, presenta una correlación de -15.3% con un R2 de 2%. Es decir, ahí “no pasaría nada”.
Si esta interrelación fuera cierta, agrega una dimensión más a la dependencia que tiene el argentino del presidente norteamericano (es ridículo pensar que el vínculo corre en el otro sentido), que iría mas allá de lo meramente económico o político para adentrarse en lo sociológico
Acá, aunque el mecanismo puede ser complejo, el argumento es simple hasta lo cartesiano. Si la imagen local de Trump es buena, su imagen internacional también lo es (aunque solo sea en términos relativos). Si Milei se recuesta sobre un Trump que es popular el también gana en popularidad.
Que esta interrelación pareciera no existir por el lado de la imagen adversa de los mandatarios, podemos achacarla a que los pasos en falso que han dado lo hicieron de manera independiente y que el efecto de esas acciones es mucho más rápido y directo para tener un “contagio” (son efectos eminentemente locales).
Sea así o no, los números sugieren que ahí hay algo para que los sociólogos y los politólogos comiencen a analizar. Hasta entonces Javier Milei puede seguir cantando -en referencia a su relación con Donald Trump-, aquello de “Las penas son (responsabilidad) de nosotros… las vaquitas son ajenas”.




