Alemania es un país que sigue asombrando al mundo por diversos motivos. Es quizás esa conjunción tan fuerte de decisión y voluntad lo que la hace una suerte de ave fénix que siempre renace de sus cenizas, aun cuando las circunstancias la coloquen en situaciones que parecen insuperables.
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Reconstruida luego de dos guerras mundiales, devastada internamente en su moral y su identidad por el nazismo, fue luego partida al medio por un muro que estableció dos países absolutamente independientes, para luego reunificarse y convertirse en la potencia líder de Europa hace algunos años, para luego decaer como consecuencia de una grave crisis económica, financiera y en el mercado laboral.
Gracias a las intensas presiones recibidas del gobierno en los últimos tiempos, las principales empresas alemanas reestructuraron sus sistemas de costos con la colaboración estratégica de los sindicatos y uniones de trabajadores, que entendieron rápidamente que se habían constituido en un obstáculo para el cambio y que debían deponer su actitud para no correr el riesgo de seguir perdiendo puestos de trabajo. Fue en parte gracias a esa flexibilidad y a las mejoras efectuadas en la competitividad que Alemania pudo recuperar terreno frente a los otros países, especialmente de la región. Señalan los especialistas que en los últimos cinco años Alemania se había constituido, por lejos, en el lugar más costoso de Europa para hacer negocios; hoy ha ganado competitividad frente a Francia, Italia, Holanda y hasta el Reino Unido, para llegar, a fines del año pasado, a posicionarse nuevamente como el mayor país exportador del mundo, provocando una sugestiva tapa de la revista «The Economist» titulada «La sorprendente economía alemana», que se ha convertido en la actual carta de presentación de Schröder. Se trata, entonces, de decisión y voluntad; y eso es lo que se ve a cada paso en todos los lugares de ese país. Las duras reformas sociales se hicieron a un enorme costo político, pero permitieron atacar el fenómeno del desempleo, cuyo índice está bajando aunque se tengan todavía más de 5.000.000 de personas sin trabajo, que representan 11,6% de la fuerza laboral.
• «Minitrabajos»
Se promovieron salidas laborales bajo el lema «trabajos de un Euro», por los cuales se intentó dignificar a las personas desempleadas mediante el pago a éstas de un euro por hora más cargas sociales, creando los denominados « minitrabajos» para dar a los beneficiarios de los planes una cifra sustentatoria de 400 euros al mes, pero pagaderos sólo contra horas efectivas de trabajo cumplidas. Estas iniciativas que comprendían más de 200.000 casos permitieron despertar ideas y experiencias que generaron 400.000 nuevos autoemprendimientos, derivándose aquellos « minitrabajos» posteriormente hacia estudiantes que desean costearse sus estudios, y trabajadores de jornada completa que aspiraban a tener un trabajo más descansado ahora que integrar el elenco de desempleados en el largo plazo.
• Reforma
El jaqueado canciller Gerhard Schröder declaró ante 5.000 personas en un acto público: «Tenemos que reformar nuestro Estado de Bienestar pues, de lo contrario, no tendremos Estado para las futuras generaciones...», recogiendo más aplausos que abucheos. Pero ello no le alcanza aún para ganar las próximas elecciones, donde todo parecería indicar que Angela Merkel se convertirá en la primera mujer que llegue al cargo de canciller de Alemania. Esta mujer, oriunda de Alemania del Este, de religión protestante y sin hijos, aliada con Guido Westerwelle, un candidato liberal gay, abogado, oriundo de Bonn, representa -curiosamenteel sector político más conservador germano y desafía, liderando las encuestas,a la coalición «socialista-verde» de Schröde r-Fischer, quienes en conjunto suman más de siete divorcios, y sufren las desventuras políticas del pasado mes de mayo que provocaron el adelantamiento de las elecciones. Lo curioso de la campaña electoral alemana es que la oposición se está quejando de que existe una acción muy fuerte del gobierno en el cumplimiento de sus funciones y deberes, lo que puede favorecer a sus candidatos frente a la opinión pública; y les parece que ello no es juego limpio.
• Más trabajo
Ellos en lugar de dejar de trabajar para dedicarse a la campaña, en esta época trabajan más, y hasta tienen tiempo para que sus ministros organicen y participen en un diálogo político internacional para la búsqueda de nuevas fuentes de financiamiento del desarrollo para los países subdesarrollados, reclamar decisiones cruciales del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial en relación con el perdón de la deuda externa de los países más pobres, o presidir algún foro en la próxima Asamblea de Naciones Unidas. Sin embargo, todavía no todo está dicho, Schröder -debilitado y golpeado-es un viejo luchador que no se rinde y, con una larga experiencia política, conoce que en Alemania la decisión de más de 40% de los votantes se resuelve en las dos últimas semanas previas a la elección. El actual canciller mantiene la esperanza de que pueda ocurrir lo mismo que aconteciera en el año 2002, cuando su fuerte oposición a la guerra de Irak y las inundaciones que asolaron Alemania en el tiempo previo a la elección volcaron súbita y drásticamente a la opinión pública a su favor para salir victorioso. Hoy, a tres semanas de la elección Schröder vuelve a retomar las banderas del peligro de la guerra -Irán en lugar de Irak-como lema de campaña y, curiosamente... en la región comenzó a llover copiosamente.
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